Abstract

HOLA

In Latin America, the odds amongst young people and the kind of transition to adult life are affected by inequality. In this study we compare the finishing of studies and the start of the working life in Buenos Aires, Lima and Mexico City, and we document the very different situations that the young ones experience in both transitions. We explore these differences by socioeconomic stratus and sex into and between cities. Although the young’s sociodemographic and socioeconomic characteristics are narrowly related to differences into cities, they do not explain the differences between cities. So, the institutional environments that rule the access to education and labour market contribute to explain the particular trends of the transition from school to work in each city.

Introducción

A lo largo de las dos últimas décadas las sociedades latinoamericanas han experimentado profundas transformaciones socioeconómicas, con importantes consecuencias para la inclusión social de diversos sectores de la población (Portes, Roberts y Grimson, 2005). Los procesos de desregulación y liberalización económica, así como los cambios institucionales que los acompañaron, tuvieron fuertes impactos en el campo social. La estructura de oportunidades de los jóvenes se ha modificado, particularmente en lo que hace a la posibilidad de adquirir saberes significativos impartidos por el sistema de educación formal, así como en el acceso a empleos dignos (CEPAL, 2003). En otras palabras, los cambios en dos de las instituciones clave para la transición a la vida adulta de los jóvenes –el sistema educativo y el mercado de trabajo- han contribuido a profundizar la desigualdad y heterogeneidad en los tránsitos a la vida adulta.

El concepto juventud puede diferir entre y dentro de cada sociedad (dada la multiplicidad de sectores sociales, étnicos y culturales). Sin embargo, existe cierto consenso en que el pasaje a la adultez se vincula estrechamente con la inserción en la vida productiva, la constitución de la propia familia y la residencia independiente de la familia de origen. Entendido de esta forma, el tránsito a la vida adulta asumirá formas que pueden variar en cada sociedad en función de su capacidad para brindar oportunidades educativas significativas accesibles a la población y opciones laborales que faciliten la independencia económica.

Si bien con marcadas diferencias entre países, en América Latina la cobertura educativa ha aumentado en forma significativa (CEPAL, 2004; SITEAL, s.f.). Sin embargo, vastos sectores juveniles aún no logran adquirir una educación formal mínima redituable en el mercado de trabajo. (Abdalá, 2002; CEPAL, 2004; Filmus, 2001; Gallart, 2000). Asimismo, la calidad de la educación que adquieren los jóvenes provenientes de distintos sectores sociales se ha tornado más heterogénea, reforzando las desigualdades sociales preexistentes (Sidicaro y Tenti Fanfani, 1998). Por otra parte, el creciente acceso a la educación formal de los jóvenes ha tenido lugar paralelamente a dos tendencias contradictorias en el mercado laboral: el aumento en los requerimientos de calificación de la mano de obra derivada de la utilización de nuevas tecnologías y procesos productivos y la devaluación de las credenciales educativas, propiciada por la escasa generación de empleos en los sectores formales de la economía. Estos procesos condicionan en gran medida la posibilidad de inclusión social de los jóvenes, en particular de aquellos provenientes de hogares en situación de pobreza.El punto de partida de esta investigación es que los procesos actuales de transición a la vida adulta de los jóvenes latinoamericanos se encuentran afectados tanto por las estructuras sociales pre-existentes, las cuales condicionan el acceso de las familias a recursos materiales y simbólicos, como por las oportunidades laborales disponibles y la oferta de bienes, servicios y oportunidades laborales que las instituciones ponen a disposición para los diversos grupos sociales. La interacción entre estos aspectos hace más o menos probable que los jóvenes tempranamente abandonen la educación, se dispongan a trabajar, se incorporen al mercado de trabajo o no encuentren estímulos para participar activamente en alguna actividad. A nivel individual, estas decisiones de los jóvenes, socialmente condicionadas, tendrán fuertes consecuencias en la vida adulta, mientras que a nivel social, repercutirán en reproducir o acentuar la desigualdad social.

Este trabajo constituye la etapa inicial de una investigación más amplia cuya preocupación general es indagar, mediante una perspectiva comparativa, los mecanismos de integración y segregación social en los procesos de transición a la adultez de los jóvenes en tres metrópolis latinoamericanas: Buenos Aires, Lima y la Ciudad de México. Este propósito se fundamenta en la inquietud por examinar patrones de transición a la adultez diferenciados en distintos contextos y establecer los mecanismos sociales e institucionales que promueven trayectorias juveniles heterogéneas. En este sentido, se plantea que las diferencias históricas y actuales en los regímenes de bienestar de estos tres países han contribuido a conformar y reproducir las estructuras sociales así como a establecer los marcos institucionales de integración social de los jóvenes (Filgueira y Filgueira, 2002). De este modo, la diversidad de trayectorias educativas y laborales y su incidencia en contextos específicos dependerán en gran medida de las características de los sistemas educativos (facilidad de acceso a diversos niveles, duración de los ciclos, obligatoriedad, requisitos, dependencias, etcétera), del mercado de trabajo (regulación, estructura, dinamismo, tasas de retorno, etc.), y de la oferta de programas sociales tanto para la población en su conjunto como para los jóvenes.

Nos centramos en el análisis de las metrópolis dado que nos permite, por un lado, disminuir las diferencias en los patrones de transición a la adultez que resultarían por las variaciones en la composición rural-urbano de los tres países analizados. Por otro, las ciudades latinoamericanas han sido uno de los espacios centrales de transformación ante los fenómenos conjuntos de persistente desigualdad, cambio estructural, liberalización económica, crecimiento de los mercados de trabajo informales en la región y aumento de la pobreza urbana (Portes y Roberts, 2005). Además, es en el espacio de las ciudades, y en especial de las grandes metrópolis, donde se observa la mayor influencia de las fuerzas globales en los patrones de consumo y culturales que influyen en las preferencias y expectativas de los jóvenes (Tienda, 2002; Emmerij, 1997). El avance que aquí se presenta propone dar cuenta de las diversas formas que adquieren dos transiciones cruciales en el pasaje a la adultez, como son la salida de la escuela y la entrada al mercado de trabajo entre jóvenes residentes en estas tres metrópolis. Mediante información cuantitativa comparable proveniente de encuestas de hogares relevadas en las tres áreas metropolitanas, se examinan en primer lugar los momentos, secuencias y heterogeneidades en las trayectorias educativas y en el ingreso al mercado laboral de los jóvenes. En segundo lugar, se persigue establecer hasta qué punto las diferencias en las transiciones examinadas en cada ciudad responden a variaciones en la posición de los individuos en la estratificación social. Por último, se procura determinar si las diferencias entre ciudades persisten aún después de incorporar controles estadísticos que neutralizan los efectos de la edad, la estratificación social y del estado marital de los jóvenes. Sobre la base de la aproximación conceptual adoptada, sería dable esperar que las diferencias entre ciudades en la situación laboral y educativa de los jóvenes permanezcan incluso cuando se controlan por variables asociadas a la estructura social, pues tales diferencias dependen más de entornos institucionales específicos asociados a las particularidades de los sistemas nacionales de bienestar que a diferencias estrictamente económicas.

Datos y métodos

El presente estudio se basa en información proveniente de Encuestas de Hogares para el año 2003 de cada una de las metrópolis (Encuesta Permanente de Hogares, Buenos Aires; Encuesta Nacional de Hogares, Lima; y Encuesta Nacional de Empleo Urbano, Ciudad de México). Estas encuestas permiten realizar comparaciones confiables entre las tres ciudades. Sin embargo, tienen como limitante el que carecen de información retrospectiva sobre las historias educativa y laboral de las personas. Debido a lo anterior, se utiliza información transversal sobre la situación actual de los jóvenes para, a partir de ahí, inferir tendencias sobre el calendario en que se presenta la salida de la escuela y la entrada al trabajo, así como sobre las diversas situaciones por las que pasan los jóvenes en el transcurso de esta doble transición.

El análisis se enfoca en las edades en las que la mayoría de los jóvenes de las tres ciudades abandonan la escuela y eventualmente ingresan al mercado de trabajo, esto es, entre los 14 y 24 años. Se calcula en cada edad la proporción de jóvenes que no asisten a la escuela y que trabajan, con lo cual, si se asume el principio de cohortes sintéticas, es posible visualizar las principales tendencias en el calendario e intensidad de las transiciones. Asimismo, con el objeto de señalar la diversidad de estados educativos y laborales de los jóvenes en las tres metrópolis, se comparan medidas de heterogeneidad de estados para diversos grupos de edad y sexo. Este análisis permite establecer en qué medida los jóvenes de las tres metrópolis se acercan o alejan de criterios normativos, por ejemplo de permanencia exclusiva en el sistema educativo o de entrada tardía al mercado de trabajo.

Además de examinar las distinciones que establece el sexo, el estudio incorpora también el análisis de los efectos ejercidos por el estrato socioeconómico del hogar de los jóvenes. Para ello, en cada ciudad se calculó un índice que refleja la posición relativa del hogar en la estratificación social utilizando técnicas de análisis factorial por componentes principales. Para construir este índice se consideraron las siguientes variables: el ingreso del hogar, el nivel máximo de escolaridad promedio de los miembros del hogar, los materiales de la vivienda y el acceso a servicios públicos de la misma. El análisis factorial se realizó en forma independiente para las tres ciudades. Por tanto, el índice refleja la posición relativa del hogar del joven en la estratificación social de cada ciudad, y no una posición absoluta obtenida a partir de estándares absolutos para las tres ciudades

Las técnicas utilizadas son por lo general de corte descriptivo, por lo que no se inlcuye una explicación detallada en esta sección. La excepción son los índices de disimilitud y los modelos de regresión logística. En esos dos casos se discute el uso de las técnicas antes de presentar los resultados.

Resultados

La permanencia en la educación y la entrada al mercado de trabajo

En esta sección se analizan las diferencias en la permanencia educativa y en la entrada al mercado de trabajo de los jóvenes en las tres ciudades, es decir, se contrastan los porcentajes de jóvenes que no asisten a la escuela o han entrado a trabajar en los distintos grupos de edades. El Cuadro 1 presenta el porcentaje de individuos que no asiste a la escuela en cada edad, por ciudad y sexo . Destacan tres tendencias. La primera es que, como era de esperarse, existe un progresivo incremento con la edad en la proporción de individuos que no asisten a la escuela, hasta alcanzar porcentajes a los 24 años de edad que fluctúan entre 68.3% y 86.9%. Esto confirma que es efectivamente en estas edades en donde se presenta la transición en cuestión para la mayoría de los jóvenes. En segundo lugar, el “punto de partida” es muy diferente en las tres ciudades. Mientras que en Buenos Aires prácticamente la totalidad de los jóvenes de 14 años se encuentran en la escuela, en México y en Lima una proporción considerable (entre 21.3% y 36.2% según la ciudad y el sexo) ya no asiste a la escuela a esa edad. Estas diferencias en la asistencia escolar a edades tempranas guardan estrecha relación con el nivel de eficiencia terminal en el nivel primario. En otras palabras, dado que un requisito para asistir a la escuela secundaria es haber culminado la primaria, dichas diferencias se explicarían en parte por el nivel de las tasas de graduación del nivel primario en Buenos Aires, Ciudad de México y Lima. Por último, en términos generales se aprecia una tendencia a porcentajes mayores de jóvenes que no asisten a la escuela en Lima, fenómeno que se agudiza entre las mujeres. México ocupa un lugar intermedio, y en Buenos Aires se presentan los porcentajes menores.

Cuadro 1. Porcentaje de individuos que no asisten a la escuela, por edad, sexo y ciudad

A partir de estos resultados se infiere que el calendario de la salida de la escuela varía considerablemente entre las tres ciudades y, dentro de cada ciudad, entre varones y mujeres. Si se adopta el supuesto de que los porcentajes observados reflejan el comportamiento de una cohorte ficticia, entonces es posible apreciar con más claridad estas variaciones. Así, por ejemplo, se observa que la edad en que el primer cuartil de mujeres abandona la escuela es menor a 14 años en Lima, a 15 años en la Ciudad de México, y a 18 años en Buenos Aires. Asimismo, la edad en la que el 75% de mujeres está fuera de la escuela (tercer cuartil) sería de 19 años en Lima, 22 años en México, y más de 24 años en Buenos Aires. Entre los varones, la edad mediana a la salida de la escuela sería de 17 años en Lima, 19 años en México, y 20 años en Buenos Aires. Es evidente que el calendario de la salida de la escuela es más temprano en Lima y más tardío en Buenos Aires, mientras que México muestra un patrón intermedio entre estas dos ciudades. En lo que respecta a las diferencias por sexo, se observa que las mujeres en la Cuidad de México y más aún en Lima se encuentran en desventaja en relación a los varones, mientras que en Buenos Aires ellas son quienes tienen una mayor permanencia en el sistema educativo.

En cuanto a la entrada al mercado de trabajo, el Cuadro 2 presenta los porcentajes de jóvenes que participan de la fuerza de trabajo (ya sea como ocupados o desocupados). Entre los varones se aprecian tendencias similares a las del cuadro anterior, lo que de inicio apunta a la estrecha interconexión entre trayectorias educativas y laborales. En Buenos Aires los porcentajes de jóvenes económicamente activos son nuevamente menores en las edades más tempranas pero, en contraposición a los resultados anteriores, hacia los 23 años prácticamente se iguala la tasa de actividad en las tres ciudades. Al combinarse con el todavía elevado porcentaje de asistencia escolar a esta edad (más del 30), este dato capta para el caso de Buenos Aires la combinación de estudio y trabajo durante el ciclo de educación superior.

Cuadro 2. Porcentaje de individuos en la fuerza de trabajo, por edad, sexo y ciudad*

* Los porcentajes para las edades 15 a 24 se calcularon utilizando medias móviles de tres edades

Las mujeres muestran comportamientos bien distintos en cada ciudad. En México y en Buenos Aires la participación laboral es muy baja antes de los 17 años, con tasas inferiores al 12%, pero a partir de los 19 años las tasas en Buenos Aires son bastante superiores a las de México. En cambio, Lima muestra un patrón marcadamente distinto, que denota una entrada mucho más temprana a la actividad económica, con tasas superiores al 25% incluso antes de los 16 años, que luego se incrementan hasta alcanzar un nivel estable de alrededor de 65% a partir de los 20 años, el mismo que alcanza Buenos Aires a partir de esa edad.

En resumen, los datos del Cuadro 2 sugieren que entre los varones el calendario de entrada al mercado de trabajo es más temprano en Lima que en México y Buenos Aires, aunque las tasas de incorporación a la fuerza de trabajo alcanzan niveles similares en las tres ciudades alrededor de los 23 años. Por su parte, entre las mujeres existen importantes diferencias tanto de intensidad como de calendario. En cuanto a la intensidad, se observa que la proporción de mujeres jóvenes que terminan por incorporarse al mercado de trabajo es bastante mayor en Buenos Aires y en Lima, donde los porcentajes fluctúan entre 65% y 70% a los 24 años, frente a un poco menos de 50% para México. Esta diferencia puede deberse a que en términos generales las tasas de participación femenina son menores en esta última ciudad. Con relación al calendario, la entrada al mercado de trabajo ocurre considerablemente más temprano en Lima que en Buenos Aires y México, lo cual coincide con las tendencias en la salida de la escuela presentadas en el Cuadro 1.

El enfoque recién planteado permite realizar una primera inspección de las transiciones educativa y laboral, pero el proceso que lleva a la salida definitiva de la escuela y la entrada al mercado de trabajo no siempre se presenta como una clara secuencia normativa o mediante transiciones tajantes entre dos estados mutuamente excluyentes. Por el contrario, y tal como lo señalaron hace ya más de treinta años Balán, Browning y Jelin (1977), en América Latina las fronteras de la salida de la escuela y la entrada al mercado de trabajo suelen ser borrosas, pues frecuentemente los jóvenes son simultáneamente estudiantes y trabajadores, o bien ocupan posiciones marginales en el mercado de trabajo, ya sea en el empleo no asalariado o en el empleo de tiempo parcial.

Para obtener una mejor perspectiva de esta complejidad se construyó una variable que refleja con mayor detalle la situación escolar y educativa de los jóvenes . En la figura 1 se describen las distribuciones porcentuales de varones y mujeres por edad de acuerdo a esta variable. Esta nueva mirada produce una acentuación de las diferencias entre ciudades. En el caso de los varones, Buenos Aires no sólo es la ciudad en donde el ingreso a la fuerza de trabajo es más tardío, sino también donde el desempleo y las formas “parciales” de incorporación al trabajo -como son la combinación de actividades escolares y laborales y el trabajo de tiempo parcial- son más frecuentes. En el polo opuesto está México, donde la entrada al mercado de trabajo se da fundamentalmente a través del paso de la escuela de tiempo completo al trabajo de tiempo completo, mientras que las situaciones mixtas (trabajo y estudio) o la exclusión simultánea de la escuela y el trabajo son poco frecuentes, especialmente a partir de los 18 años. Por su parte, Lima está en una situación intermedia, pues predominan, al igual que en México, las ocupaciones de tiempo completo, aunque la proporción de jóvenes que combinan escuela y estudio, están desempleados, o no estudian ni trabajan, es mayor que en esta ciudad.

Figura 1. Distribución por situación laboral y escolar, según sexo y ciudad

Esta diversidad de comportamientos entre varones de las tres ciudades podría vincularse no sólo a los niveles de cobertura educativa y a la distinta capacidad para acceder a la educación por parte de diversos grupos sociales, sino también a los costos de oportunidad de incorporarse tempranamente a los mercados de trabajo. En este sentido, la mayor o menor facilidad para acceder a empleos (ya sea formales o informales) y generar ingresos, podría estar influyendo en las decisiones de los jóvenes de dedicarse total o parcialmente al trabajo.

A diferencia de los varones, las mujeres presentan una mayor heterogeneidad de estados a medida que avanza la edad. La proporción que trabaja es siempre menor a la de los varones, lo que da lugar al incremento del grupo de mujeres que no estudian ni trabajan, quienes presumiblemente se encuentran realizando actividades domésticas o ejerciendo labores de amas de casa. Esta tendencia es más acentuada en México, en donde la proporción de mujeres que no estudian ni trabajan alcanza niveles cercanos al 40% entre los 22 y 25 años. Por otra parte, en Buenos Aires se aprecia que, incluso con más frecuencia que como ocurre en los varones, la participación laboral de las mujeres se encuentra fuertemente segmentada entre el empleo de tiempo parcial y el empleo de tiempo completo, de tal forma que hacia los rangos superiores de edad las mujeres se distribuyen en el conjunto de posiciones de forma más heterogénea que en Lima y en México.

En resumen, la evidencia empírica presentada en esta sección permite delinear algunas tendencias generales:

Heterogeneidad intra-ciudad y estratificación social

Una de las hipótesis de este trabajo es que las diferencias intra-ciudad se asocian principalmente a la desigualdad social y por ende a las particulares composiciones de sus estructuras sociales. Para ser más precisos, se plantea que la desigualdad entre las familias de origen de los jóvenes, tanto en el acceso a activos de diversa índole como en las condiciones de vida, genera inequidad de oportunidades y de expectativas, lo cual a su vez termina reflejándose en la heterogeneidad de cursos de vida.

Si bien la hipótesis es sugerente, es difícil sustentarla con la información disponible. Esto se debe a que, como se comentó antes, se poseen datos transversales y no retrospectivos, y a que las muestras no son lo suficientemente grandes como para analizar en forma detallada las diferencias entre estratos sociales. A pesar de ello, se presenta un análisis preliminar que contribuye a respaldar la hipótesis, aunque sea provisionalmente.

La primera evidencia se presenta en el Cuadro 3, que muestra los porcentajes de jóvenes que no asistían a la escuela o estaban ya en la fuerza de trabajo para dos grupos de edades (16-17 años y 22-23 años), según el estrato socioeconómico del hogar de residencia . En casi todos los casos existen diferencias muy significativas entre estratos sociales. Así, por ejemplo, en Buenos Aires todos los varones del estrato alto asistían a la escuela en el grupo 16-17 años, mientras que en el estrato bajo una cuarta parte ya la habían abandonado. Las diferencias son de igual o mayor magnitud entre los varones de Lima (19.5% versus 54.6%) y de la Ciudad de México (17.8% frente a 44.2%). Lo mismo ocurre entre las mujeres, con la excepción de Lima, donde los porcentajes que abandonaron la escuela son muy altos por igual para los tres estratos sociales (entre 50.4% y 58.4%).

Cuadro 3. Porcentajes que no asisten a la escuela y están en la fuerza de trabajo a edades seleccionadas, por ciudad, sexo, y estrato social

La brecha entre estratos sociales es también muy amplia en el grupo 22- 23 años. Como resulta esperable, a esta edad la proporción de jóvenes que ya abandonaron la escuela es bastante mayor que a los 16-17 años, pero eso no atenúa las disparidades sociales. En Lima, por ejemplo, 93.8% de los varones del estrato bajo ya habían abandonado la escuela, frente a sólo 43.4% en el estrato alto. Las diferencias son casi tan amplias en México (95.1% frente a 55.5%) y en Buenos Aires (76.9% frente a 31.3%). Incluso, se observa que en el caso de las mujeres de Lima, donde no había muchas diferencias a los 16-17 años, la brecha es muy considerable a los 22-23, pues a esta edad sólo 3.5% de las pertenecientes al estrato bajo permanecía en la escuela, frente a 42.9% de las del estrato alto.

Estos resultados sugieren que el calendario de salida de la escuela es muy diferente para los jóvenes provenientes de distintos estratos sociales. En términos generales, la salida de la escuela es bastante más temprana para los jóvenes de estratos bajos, mientras que los de estratos altos prolongan su estadía en la escuela frecuentemente hasta bien entrados los veinte. En este sentido, resulta evidente que no sólo existen considerables diferencias entre ciudades, sino también amplias disparidades intra-ciudad asociadas a la estratificación social.

También se aprecian diferencias en el mismo sentido para los varones en lo que respecta al calendario de la entrada al mercado de trabajo. Ésta ocurre a edades más tempranas en el estrato bajo que en el alto. Por ejemplo, en México 41.4% de los varones del estrato bajo estaban ya en la fuerza de trabajo a los 16- 17 años, contra sólo 10.1% de los del estrato alto. En Lima las diferencias eran aún mayores (60.8% frente a 12.1%, respectivamente), mientras que en Buenos Aires la participación laboral era prácticamente inexistente en los estratos medio y alto, frente a 18.1% en el estrato bajo. Hacia los 22-23 años las diferencias en Buenos Aires y Lima eran menores, lo que sugiere que para esta edad la mayor parte de los varones habían iniciado su actividad laboral, independientemente de su estrato socioeconómico. En México, por el contrario, a esa edad aún existían enormes diferencias en las tasas de participación: 97.5% de los varones de estratos bajos ya trabajaban, frente a sólo 49.1% de los varones de estratos altos. Esto sugiere que en México las diferencias entre estratos eran mayores que en las otras dos ciudades.

Por último, con el tipo de datos sobre participación en la fuerza de trabajo que se presentan en el Cuadro 3 es más difícil obtener conclusiones para las mujeres . Por un lado, en Buenos Aires pareciera que no existen diferencias sustanciales entre estratos sociales en ninguno de los dos grupos de edades, lo que sugiere en primera instancia que en esta ciudad el calendario e intensidad del ingreso al mercado de trabajo no se asocia a la estratificación social. Por otra parte, en Lima y en México sí hay diferencias, aunque son difíciles de interpretar. A los 16-17 años, parecería que estas dos ciudades muestran una tendencia similar a la de los varones, con mayores tasas de participación para los estratos bajos que sugieren un inicio más temprano de la actividad laboral. Sin embargo, a los 22- 23 años la situación cambia: en Lima las tasas de participación son mayores para las mujeres de los estratos medio y alto (79.3% y 71.0%, respectivamente) que para las del estrato bajo (53.5%), mientras que en México no existen diferencias sustanciales entre estratos, con tasas de alrededor de 40%. Es evidente que en este caso sería necesario contar con información más adecuada para obtener mejores conclusiones.

Ya se señalaron antes las limitaciones del enfoque que toma por separado la situación escolar y laboral. ¿Pero qué ocurre si en vez de utilizar esta aproximación se recurre a la combinación de situaciones propuesta en la figura 1? ¿Qué tanta heterogeneidad de situaciones existe entre los jóvenes de distintos estratos sociales? ¿Es esta heterogeneidad de igual magnitud en las tres ciudades? ¿Existe evidencia para respaldar la hipótesis de que los jóvenes provenientes de distintos estratos sociales siguen caminos distintos en su pasaje de la escuela al trabajo?

Debido a las limitaciones en las fuentes de información utilizadas, en este trabajo sólo puede presentarse una aproximación inicial a este problema. Para ello, se recurrió a una medida sintética de heterogeneidad entre distribuciones de variables categóricas, que es el Índice de Disimilitud de Duncan (Duncan y Duncan, 1955; Theil, 1972). Este índice puede asumir valores entre 0 y 1. Si al comparar la distribución de situaciones educativas y laborales del estrato i con la del j el índice adopta el valor de 1, esto significa que el 100% de los jóvenes del estrato i tendrían que modificar su situación para alcanzar una distribución idéntica a la del estrato j, o viceversa. Si el índice asume el valor de 0, entonces las distribuciones de los estratos i y j son idénticas. En este caso existían tres estratos socioeconómicos, por lo que podían hacerse tres comparaciones . Para obtener una medida sintética de la heterogeneidad en situaciones por estrato social en cada ciudad, se obtuvo un promedio simple de los índices de disimilitud obtenidos en las tres posibles comparaciones.

En las Figuras 2 y 3 se presentan estos promedios de índices de disimilitud por estrato socioeconómico para cada grupo de edades. En el caso de los varones (Figura 2), se observa un patrón común en las tres ciudades: el grado de heterogeneidad de situaciones entre los jóvenes de distintos estratos sociales es mayor entre los 18 y 21 años, con niveles muy parecidos de desigualdad (índices de disimilitud promedio en las tres ciudades entre 0.34 y 0.45), mientras que la heterogeneidad es menor en las edades más tempranas y más tardías . Esto es consistente con la idea de que los puntos de partida y llegada en la transición escuela-trabajo no difieren mucho entre estratos sociales, aunque los caminos que se recorren entre estos dos extremos sí varían en forma sustancial.

Figura 2. Promedio de índices de disimilitud entre estratos sociales para la situación escolar y laboral. Hombres

Con respecto a las mujeres (Figura 3), el comportamiento de los índices de disimilitud también sigue un patrón común, que difiere del observado entre los varones en que la caída de los índices una vez alcanzado su valor máximo es menos acentuada y, en el caso de Lima y Buenos Aires, sólo se da hasta los 24-25 años. Destaca el hecho de que a partir de los 18-19 años la heterogeneidad entre estratos sociales es más acentuada en Buenos Aires, ciudad en la que el promedio de índices de disimilitud incluso rebasa 0.50 a los 22-23 años y culmina con un valor de 0.40 a los 24-25 años. En conjunto, estas tendencias sugieren que la situación escolar y laboral de las mujeres de distintos estratos sociales es muy similar al inicio del periodo de estudio, que la heterogeneidad de situaciones se incrementa en la medida que avanza la edad, y que esta heterogeneidad disminuye hacia los 24-25 años, con la excepción de Buenos Aires, donde los niveles altos de heterogeneidad persisten.

Figura 3. Promedio de índices de disimilitud entre estratos sociales para la situación escolar y laboral. Mujeres

En resumen, los resultados presentados en esta sección presentan evidencia -preliminar, pero consistente- que lleva a respaldar la hipótesis de que la heterogeneidad intra-ciudad en la transición escuela-trabajo se asocia a la desigualdad social. Esta asociación parece producir no sólo diferencias en el calendario de las transiciones de salida de la escuela y entrada al trabajo, sino también disparidades en la forma específica en que se presentan tales transiciones, lo cual se refleja en una alta heterogeneidad de situaciones educativas y laborales asociada a la posición de los jóvenes en la estratificación social.

Persistencia de las diferencias entre ciudades

Hasta ahora el análisis se orientó a la descripción de las diferencias entre ciudades o a las diferencias entre estratos sociales al interior de las mismas. Sin embargo, persiste una pregunta fundamental planteada ya en la introducción de este trabajo: ¿puede explicarse la varianza “inter-ciudad” exclusivamente por factores individuales (como la edad o el estado civil) y por la estratificación social, o por el contrario, persisten las diferencias una vez que se controlan estos factores? La pregunta es relevante porque, si las variaciones inter-ciudad persisten una vez que se controlan otros factores, se sustenta la hipótesis de que esas variaciones dependen más de entornos institucionales diferenciados asociados a las particularidades de los sistemas nacionales de bienestar que a diferencias estrictamente económicas o sociodemográficas.

Para explorar este punto, se ajustaron modelos logísticos que buscan probar específicamente esta hipótesis. La estrategia consistió en construir una base de datos para el conjunto de las tres ciudades y ajustar modelos separados para varones y mujeres, en los cuales las variables dependientes eran a) si los jóvenes asistían o no a la escuela, o b) si eran o no económicamente activos. En vez de analizar los coeficientes de los modelos, en este caso se puso atención a las mejoras globales en la bondad de ajuste de tres modelos anidados. El primer modelo (Modelo 0) es el llamado “modelo nulo”, que incluye sólo a la constante y sirve de referencia comparativa para los modelos siguientes. El segundo modelo (Modelo 1) incluye los efectos de los factores sociodemográficos y de la estratificación social (situación marital, edad, y nivel socioeconómico del hogar) y el tercer y último modelo (Modelo 2) incorpora, además de los factores sociodemográficos y de estratificación, los “efectos ciudad”, tanto principales como en interacción con los factores sociodemográficos y de estratificación. Si, como plantea la hipótesis de los efectos institucionales, las diferencias entre ciudades no se deben únicamente a las variaciones sociodemográficas y en la estratificación, entonces debería esperarse que la bondad de ajuste del Modelo 2 mejorara significativamente con relación a la del Modelo 1. La significancia estadística de esta mejora se evalúa a partir de una prueba chi cuadrada de la razón de verosimilitud de los modelos anidados (modelo 2 versus modelo 1).

Los resultados de este ejercicio se presentan en el Cuadro 4. La bondad de ajuste del Modelo 1 (medida a través de la pseudo R2 de McFadden) sugiere que los factores sociodemográficos y de estratificación contribuyen significativamente a la explicación de las diferencias individuales en la condición educativa y laboral para ambos sexos (pseudo R2 entre 0.18 y 0.31). Pero lo más relevante es que todas las pseudo R2 se incrementan sustancialmente cuando se incorporan los “efectos ciudad”. Estos incrementos son ligeramente mayores en el caso de la condición de asistencia escolar que en el de la participación laboral, y son también mayores entre las mujeres que entre los hombres. El contraste de modelos (prueba Chi-cuadrada) indica que todas estas mejoras son estadísticamente significativas con un valor de p<0.001. En síntesis, estos resultados sustentarían, aunque sea preliminarmente, la hipótesis de que las diferencias entre ciudades en la transición educativa y laboral no sólo se deben a factores sociodemográficos o a la estratificación social, sino que también pueden sustentarse en variaciones en las formas de organización institucional de los sistemas educativos y los mercados de trabajo.

Cuadro 4. Modelos de regresión logística para evaluar los “efectos ciudad” en la situación escolar y laboral de los jóvenes

Reflexiones finales

Este trabajo constituye un resultado inicial de una investigación cuyo propósito general es estudiar los patrones diferenciados de transición a la adultez en tres metrópolis latinoamericanas –Buenos Aires, Lima y la Ciudad de México-, así como el posible vínculo entre tales patrones y diferencias institucionales en los sistemas educativos, los mercados de trabajo y, en términos más amplios, los regímenes de bienestar imperantes en cada ciudad.

En esta primera etapa, el objetivo ha sido dar cuenta de las similitudes y diferencias en el calendario e intensidad de la salida de la escuela y la entrada al mercado de trabajo, así como documentar la heterogeneidad de situaciones por las cuales pasan los jóvenes durante esta doble transición. También se exploraron las diferencias intra-ciudad asociadas a la estratificación social. Por último, se utilizaron modelos de regresión para destacar la persistencia de las diferencias entre ciudades una vez que se controlan algunas características sociodemográficas y socioeconómicas de los jóvenes.

Los resultados aquí presentados muestran que los calendarios de la salida de la escuela y de la entrada al mercado de trabajo son marcadamente diferentes entre estratos sociales en las tres ciudades analizadas. Asimismo, la forma en que se combinan el “status” educativo y laboral varía considerablemente en función del estrato social y del sexo del joven. En términos generales, los jóvenes de estratos bajos abandonan la escuela a edades más tempranas, y las mujeres suelen transitar con mayor frecuencia a una situación en donde ya salieron de la escuela pero no trabajan. Esto es importante porque la desigualdad en edades de salida de la escuela y en el acceso al trabajo fuera del hogar puede traducirse en inequidad de oportunidades: quienes abandonan temprano el sistema educativo - sin haber alcanzado niveles básicos que facilitarían el acceso a empleos formalesse enfrentarán a serias limitaciones en el futuro para tener acceso a otros activos, y por tanto a posibilidades limitadas de alcanzar niveles de vida dignos. La incorporación temprana a la actividad laboral no sólo conspira contra la posibilidad de mantenerse dentro del sistema educativo, sino que en general se da en empleos de baja calificación, escasa protección social y bajas remuneraciones. Por último, la combinación del abandono temprano de la escolaridad y la no incorporación al mundo del trabajo, situación que es mucho más frecuente entre las mujeres, sería indicativa de una división sexual del trabajo que les asigna a éstas tareas vinculadas al cuidado del hogar y que las excluye de otras formas de participación social.

Otro hallazgo importante es que el calendario de las transiciones, así como la combinación de situaciones educativas y laborales por las que pasan los jóvenes, son sustancialmente diferentes entre ciudades, incluso una vez que se controlan los efectos del sexo, la edad, la situación socioeconómica, y el estado civil de los jóvenes. En Buenos Aires, se observa una transición más tardía tanto a abandonar el sistema educativo como a incorporarse al mercado de trabajo. Asimismo, se observa que las mujeres tienden a permanecer en el sistema educativo por más tiempo que los varones. En el otro extremo se encuentra Lima, ciudad en la que los jóvenes abandonan más tempranamente su formación y se incorporan al mercado de trabajo. En esta ciudad, las mujeres se encuentran en una clara desventaja respecto de los varones. La Ciudad de México se sitúa en una posición intermedia y presenta comportamientos claramente diferenciados de mujeres y varones. Ellas tienden a abandonar la escuela más tempranamente que los varones, aunque son muchas menos las que lo hacen para incorporarse al mercado de trabajo.

Para explicar estas diferencias, en este trabajo se ha propuesto la hipótesis de que la transición escuela-trabajo asumirá formas específicas dependiendo de los arreglos institucionales particulares que regulan en cada ciudad el acceso a la educación y la entrada al mercado de trabajo. Evidentemente, en esta etapa inicial es prematuro identificar en forma específica cuáles son esas diferencias institucionales y a través de qué mecanismos operan. No obstante, es conveniente adelantar aquí algunas posibles diferencias que serán exploradas en las fases siguientes de este proyecto de investigación.

En primer lugar están las diferencias en el sistema educativo, entre ellas aquellas relativas a: a) el grado de cobertura del sistema educativo en sus distintos niveles (primario, medio y superior); b) la participación de las escuelas públicas y privadas en el sistema educativo; c) la organización por niveles, grados, y opciones terminales del sistema educativo; d) la oferta de espacios en el nivel superior; e) la flexibilidad del sistema educativo (diferentes opciones terminales, posibilidades de retornar a la escuela después de haberla dejado); f) los apoyos financieros y las facilidades que ofrecen las instituciones de educación superior para que los estudiantes trabajen y estudien simultáneamente.

En segundo lugar se encuentran las diferencias en la organización de los mercados de trabajo, particularmente en: a) las calificaciones escolares que se requieren para acceder a los distintos tipos de ocupación (el vínculo entre educación y oportunidades laborales); b) el peso del sector informal como fuente de trabajo para los jóvenes; c) los mecanismos de seguridad social y protección laboral (por ejemplo, el acceso o no a seguro de desempleo); d) la presencia de regulaciones (y su grado de aplicación efectiva) tendientes a prevenir o desincentivar el empleo infantil o en la adolescencia; e) la existencia de mecanismos institucionales que incentivan o desincentivan la incorporación precaria y flexible de jóvenes pobres al mercado laboral; f) los patrones de participación femenina. Por último, se encuentran las posibles diferencias en aquellas políticas o programas sociales que directa o indirectamente pueden incidir en la transición escuela-trabajo.

Para demostrar que, en efecto, estas particularidades institucionales contribuyen a explicar las diferencias inter-ciudad, sería necesario no sólo documentar su existencia, sino también identificar los mecanismos específicos mediante los que operan. Desde luego, esta última tarea demanda una aproximación distinta, que permita reconstruir las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes y a partir de ahí visualizar la forma en que los distintos entramados institucionales, en interacción con la situación de clase, conforman las estructuras de oportunidades. La investigación que se está desarrollando se propone identificar estos mecanismos a la luz de las propias experiencias y trayectorias de jóvenes de sectores populares, mediante la realización de estudios etnográficos similares en las tres ciudades.

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