Abstract

HOLA

This article studies the hypothesis of “concentrated deconcentration”, which posits that the loss of demographic and economic gravitation of metropolitan areas is due to short-distance internal migratory movements, which can expand their hinterland and their functional relationships, maintaining or even reinforcing its importance within the national urban system. To verify this hypothesis, a methodological proposal is offered that operationalizes the concept of concentrated deconcentration by using two analytical dimensions: i) relative weight of the metropolitan area in the total population and in the urban population of the country, and ii) movements of recent internal migration between the metropolitan area and its near and far environments. This proposal applies to five metropolitan areas in Latin America. The results suggest that the change in the territorial distribution of the population is diverse, since in some cases there is no loss of the demographic weight of the big city, while in others this loss is reduced, or in others there are signs of deconcentration. concentrated.

Introducción

La distribución territorial de la población y su cambio en el tiempo han sido temas de análisis en los campos de la demografía y en los estudios urbanos, en los cuales se ha tratado de modelar y de explicar los patrones emergentes de la organización de la población y sus actividades. Durante la última década del siglo XX, Geyer y Kontuly (1993) propusieron un modelo titulado “urbanización diferencial”, en el cual se establece la dinámica de crecimiento de las ciudades al interior de un sistema urbano nacional, según su tamaño de población. Los movimientos de migración interna se constituyen en la fuerza motriz para el cambio en la distribución territorial de la población, y estos son, en un principio, de tipo rural-urbano y con destino en la principal ciudad del país, alentando la concentración espacial de la población. En etapas posteriores, los movimientos migratorios comienzan a tener otros destinos hacia ciudades intermedias del sistema urbano, llegando, incluso, el momento en el que la ciudad principal se convierte en expulsora de población, cuyos destinos pueden ser ciudades cercanas a esta, es decir, con la ocurrencia de fuerzas centrípetas, o ciudades alejadas, generando fuerzas centrífugas (Bluestone, Stevenson y Williams, 2008).

Poco tiempo después de la aparición del modelo de urbanización diferencial, Champion (2001) analizó el vínculo entre el cambio en la dinámica demográfica por efecto de la primera y segunda “transición demográfica” (Anderson, 2015; Lesthaeghe, 2010) y la expansión metropolitana hacia la conformación de una “región metropolitana policéntrica” (Champion, 2001). El autor estudia los cambios en la estructura demográfica de la población metropolitana (envejecimiento y mayor proporción de hogares unipersonales), además de su vínculo con la organización intrametropolitana del mercado de vivienda, la demanda ocupacional y la emergencia y consolidación de flujos de movilidad cotidiana por motivo de trabajo cada vez de mayor distancia. Nuevamente aparece, implícitamente, el debate entre fuerzas centrípetas y fuerzas centrífugas en el patrón y evolución de la distribución de la población en entornos metropolitanos.

Por su parte, las Naciones Unidas publicó un texto sobre el estado de las ciudades en el mundo en las postrimerías del siglo XXI (United Nations Human Settlements Programme, 2008). La urbanización y las áreas metropolitanas ofrecen oportunidades para el desarrollo, pero también grandes retos para procurar disminuir la pobreza y la desigualdad. La dinámica demográfica y la expansión territorial de estas metrópolis han propiciado, en algunas partes del mundo, nuevas configuraciones territoriales, tales como las megarregiones, definidas como unidades económicas que resultan del crecimiento, la convergencia y expansión espacial de áreas metropolitanas vinculadas geográficamente en un patrón policéntrico y que son rodeadas por zonas de baja densidad, cuyo crecimiento poblacional y económico es más rápido que el total de las naciones en las que se localizan.

Existen aportaciones paralelas sobre los patrones de distribución territorial de la población urbana en América Latina, territorio que se caracteriza por su elevada concentración de la población en áreas urbanas. Su grado de urbanización solo es superado por América del Norte, además que en 2020 contaba con nueve aglomeraciones metropolitanas con población de cinco millones o más de habitantes (Department of Economic and Social Affairs, Population Division, 2019). Lencioni (2013) discute sobre la existencia de un proceso de extensión de la metropolización, el cual llevaría al surgimiento de una nueva forma urbana territorialmente más amplia y funcionalmente más compleja que las tradicionales regiones metropolitanas, mientras que Aguilar (1999) documenta los procesos de reestructuración interna de una región metropolitana, como la de la Ciudad de México, en donde destaca la dispersión del crecimiento poblacional, las tendencias de los movimientos migratorios y la localización de las actividades económicas —procesos influenciados por la globalización y la fragmentación territorial de la producción manufacturera—, dando lugar a la consolidación de fuerzas centrípetas o centrífugas en función de las ventajas comparativas y competitivas de las localidades urbanas de la región.

Pinto Da Cunha (2013) plantea algunos cuestionamientos y retos en el estudio de las ciudades en América Latina. En la dinámica socioespacial de sus metrópolis se deben tener presentes las características de la movilidad espacial de la población, los procesos de concentración o desconcentración de las aglomeraciones metropolitanas, la división cada vez más difusa entre campo y ciudad, y la segregación socioespacial en la trama intrametropolitana. De manera complementaria, Sobrino (2016) documenta la disminución en la intensidad e, incluso, en el volumen de la migración interna como mecanismo de redistribución territorial de la población, la lenta dispersión de la población y del empleo desde las áreas metropolitanas hacia sus periferias, además de la emergencia y conformación de regiones urbanas. Rodríguez (2016) ofrece hallazgos que matizan la pérdida del atractivo demográfico y económico de las grandes metrópolis de la región, por lo que no se puede hablar de procesos unificados de concentración o de desconcentración territorial de la población para el conjunto de los sistemas urbanos y metropolitanos de América Latina y el Caribe.

En las contribuciones reseñadas existen dos ideas comunes: la concentración o desconcentración territorial de la población, y el papel de la migración interna en este cambio territorial. En este contexto, la hipótesis de la desconcentración concentrada se refiere a la pérdida gradual de la importancia demográfica relativa del área metropolitana principal, con respecto al total nacional, que tiene su origen en la disminución de su atractivo migratorio, lo que lleva a la transformación de su carácter migratorio: de inmigración a emigración neta, destacando la dirección de esta última hacia localidades cercanas. Sin embargo, la pérdida de gravitación y de atractivo migratorio no existe cuando se usa una escala geográfica más amplia de análisis, es decir el tránsito de la escala metropolitana a la regional.

Se trata de una hipótesis que tiene distintos componentes, lo cual genera gradaciones o tipologías por definir en función del cumplimiento de estos. Asimismo, se requiere de definiciones operativas, pues hasta el momento no se cuenta con estándares precisos al respecto. Este artículo realiza un aporte en el plano metodológico a tales definiciones operativas, sin pretender cerrar la discusión o sugerir una metodología acabada, puesto que hay varios conceptos claves de la investigación que aún deben definirse operacionalmente con rigor (como área o contornos metropolitanos) antes de intentar una definición operativa rigurosa del concepto desconcentración concentrada, además de su aplicación al contexto de América Latina y el Caribe.

Si bien la revisión bibliográfica plantea que la desconcentración demográfica y económica van de la mano, es claro que pueden tener asociaciones variadas o, incluso, patrones temporales y espaciales disímiles. Esto es debido a que las fuerzas desconcentradoras de la actividad económica no operan de la misma forma en el caso de la industria, por una parte, y en el comercio o el sector servicios, por la otra, siendo estas últimas actividades las que constituyen el grueso de las estructuras ocupacionales y productivas de las economías metropolitanas en el mundo y en América Latina y el Caribe. Cualquiera que sea el caso, para los demógrafos y analistas de la población es natural enfocarse en la desconcentración concentrada de la población, la cual es el objeto del presente artículo.

Marco metodológico

Para cumplir con el propósito de este artículo se presentan a continuación una serie de definiciones y de delimitaciones que permiten la instrumentación del concepto de desconcentración concentrada para su verificación empírica en áreas metropolitanas de América Latina.

a) Unidad de análisis: áreas metropolitanas con un millón o más habitantes de América Latina, seleccionadas en función de representatividad regional, diversidad de casos, seguimiento previo (Chávez et al., 2016) y disponibilidad de datos censales de la década de 2010 y de al menos un censo anterior con información de migración reciente (captada con la consulta sobre residencia en una fecha fija anterior).

Las áreas metropolitanas que se examinan son: Ciudad de México, Montevideo, San José de Costa Rica, Santiago de Chile y Sao Paulo. Se trata de aglomeraciones metropolitanas distintas y el análisis considera esta diversidad, ya que más que buscar conclusiones estandarizadas, se exploran resultados para cada realidad nacional y metropolitana. Aun así, estas cinco metrópolis tienen cierta comparabilidad por la centralidad demográfica, social y económica que ejercen dentro de sus países, lo que genera que todas ellas puedan estar expuestas al fenómeno de desconcentración efectiva o desconcentración concentrada. Se pretende mostrar la heterogeneidad de los procesos migratorios en cada metrópolis y sus efectos en la posible desconcentración concentrada de la población y sus actividades.

b) Definición geográfica: se utiliza la definición territorial de las áreas metropolitanas actualizada, es decir válida para el último censo disponible. En todos los casos se trata de definiciones “extendidas”, por cuanto incluyen tanto la mancha urbana como la zona de expansión suburbana, cuyas soluciones de continuidad son compensadas por vínculos estructurales de intercambio de población, bienes y servicios. El uso de una definición extendida reduce la posibilidad de confundir suburbanización, normalmente ligada a movimientos cotidianos entre la ciudad central y las áreas suburbanas, con la desconcentración, más relacionada con la relocalización productiva (de empleos) y, en esa línea, con población que deja de trabajar regularmente en la ciudad de referencia. Ante la ausencia de definiciones estandarizadas de esta zona de expansión suburbana, en cada metrópoli se establece el límite con base en la bibliografía especializada, tratando de rescatar los consensos en ella. La delimitación utilizada se mantiene en el tiempo para lograr una comparabilidad diacrónica.

Dado que el estudio se centra en la migración y que en casi todos los censos de la región la migración se capta a escala de municipio (Rodríguez, 2009), entonces las áreas metropolitanas (que son la unidad de análisis del estudio) se construyen con las bases de datos censales como agrupación de municipios (o localidades, en el caso de Montevideo), pues en todos los casos se trata de áreas metropolitanas constituidas por varios municipios/localidades. El intercambio en su interior no importa para este trabajo, sino que solo se analiza el intercambio con el resto del país, medido a escala de municipios. Esta opción implica que las áreas metropolitanas estudiadas incluyen el componente rural de los municipios que la conforman. De cualquier manera, este componente es una fracción menor de la población de algunos municipios (la mayoría de los cuales son 100 % urbanos).

c) Migración considerada en el análisis: por razones teóricas y operativas, solo se consideran los flujos de migración interna reciente, basada en la pregunta censal del lugar de residencia en una fecha fija anterior, normalmente cinco años (Rodríguez y Rowe, 2018; White, 2016). Esta movilidad de la población es la más vinculada a los procesos de redistribución demográfica y relocalización productiva; además, se puede medir con los microdatos de los censos de población. Se advierte, sin embargo, que la migración internacional es un eslabón perdido del análisis. Se utiliza la escala territorial más desagregada que ofrecen los censos para identificar migrantes, normalmente la División Administrativa Menor (DAME) que se denomina municipio, cantón, comuna o distrito, dependiendo del país.

d) Definición de área cercana: como se trata de una delimitación que depende de cada metrópolis y país, siempre tiene un componente convencional significativo y su especificación es crucial para el resultado de la medición. Se opta por usar al menos dos definiciones de cercanía, establecidas por distintos radios y que originan los entornos. En algunas áreas metropolitanas estos entornos son tres o más. La idea original es que el criterio principal para la definición y delimitación de los entornos sea de las distancias respecto a la DAME central del área metropolitana. Sin embargo, las distancias variarán entre países de acuerdo con su extensión geográfica, morfología y el patrón de distribución de la población. En algunos casos se emplean otros criterios, como las distancias en carretera o la existencia de zonas metropolitanas y entornos previamente definidos y válidos en términos técnicos.

El uso de las DAME y no de las localidades para definir al área metropolitana de referencia y sus entornos se debe a que, en casi todos los censos de la región, la escala más desagregada a la cual se capta la migración es la DAME.

e) Definición operativa de desconcentración concentrada: considera dos dimensiones demográficas, a saber, la concentración de la población y el atractivo migratorio. En el caso de la concentración demográfica, se deben cumplir al menos una de las dos condiciones siguientes: i) el peso relativo del área metropolitana sobre la población total del país tiende a bajar; o ii) el peso relativo del área metropolitana sobre la población urbana total del país tiende a bajar. Si ninguna de estas dos condiciones se cumple, difícilmente puede hablarse de desconcentración, porque la ciudad no está reduciendo su gravitación dentro del sistema urbano nacional, sino que la está aumentando. No es necesario que se cumplan las dos, aunque es posible hacer distinciones del proceso según una de las condiciones o ambas.

Respecto del atractivo migratorio, también hay dos condiciones, aunque contrario a lo anterior, sí deben cumplirse ambas. La primera es que el área metropolitana sea de emigración neta, porque por definición la migración incide en la desconcentración solo si es negativa. La segunda es la decisiva y, si bien ha sido considerada en otros estudios (Chávez y et al., 2016), en la presente investigación se aborda con mayor detalle mediante la consideración de varios entornos de cercanía a las áreas metropolitanas seleccionadas. Si la condición expulsora del área metropolitana se debe al intercambio con su entorno cercano, entonces la pérdida migratoria puede corresponder, más bien, a una ampliación del alcance funcional de la ciudad y a un reforzamiento de su gravitación demográfica, territorial y socioeconómica a largo plazo, es decir, en las antípodas de la desconcentración genuina. Al cumplirse esta condición además del prerrequisito de emigración neta de la ciudad, puede afirmarse que se está frente a una desconcentración concentrada.

Ahora bien, si parte de la emigración neta se debe al intercambio con entornos lejanos, entonces la pérdida genera una desconcentración genuina y no una descentración concentrada. En síntesis, en una primera aproximación:

Resultados

A continuación se presentan los principales hallazgos sobre la hipótesis de la desconcentración concentrada para las cinco áreas metropolitanas de estudio. El análisis se sustenta en la información que se presenta en las Tablas 1 y 2, además de las Gráficas 1 a 5 que sintetizan los datos e indicadores utilizados para la investigación con el objeto de evaluar la desconcentración concentrada, y de acuerdo con los criterios expuestos en el marco metodológico.

Área Metropolitana de la Ciudad de México, México

El Área Metropolitana de la Ciudad de México (AMCM) es la aglomeración más importante de la República Mexicana y una de las más pobladas en el contexto internacional. Esta metrópoli está conformada con 76 DAME y superficie de 7,819 km, de la cual 2,362 km estaban ocupados por el área urbana en 2020. Su población en 2010 sumó 20.1 millones de personas, mientras que en 2020 aumentó a 21.8 millones, participando con 17 % de la población total del país.

Los criterios para la conformación de los entornos parten de la configuración espacial de los asentamientos humanos, que se basa en las dinámicas demográfica, económica, social, política, ambiental y territorial. Las unidades territoriales de estudio incorporan distancias desde el núcleo de la metrópoli hacia el exterior. Se establecen rangos que toman en cuenta distintas distancias y en estos se agrupan a las principales metrópolis y ciudades de más de 100,000 habitantes. El primer entorno contempla a los municipios de las metrópolis que están aproximadamente a 100 km del núcleo del AMCM y se denomina Entorno I. Se trata de las metrópolis más cercanas al AMCM, que han mantenido históricamente una fuerte interacción funcional e intercambios migratorios con esta área y entre ellas. El Entorno II comprende a los municipios de las metrópolis ubicadas en un rango de 101 a 199 km. El Entorno III comprende a los municipios con una distancia lineal de entre 200 y 299 km. El siguiente entorno se denomina resto del país y comprende a los municipios del país ubicados a una distancia lineal mayor a 300 km del centro del AMCM.

Durante el período 2000-2015 la participación del AMCM en la población total del país tuvo una disminución sostenida de 18.9 % a 17.5 % (Tabla 1). En cambio, la población de los tres entornos y el resto de los municipios del país incrementaron su importancia. El Entorno I aumentó su participación demográfica de 3.9 % a 4.2 %. En la misma dirección se encuentra el Entorno II que pasó de 3.7 % a 4.1 %. Estos cambios de la participación relativa de la población del AMCM y sus entornos muestran un proceso de desconcentración demográfica de esta metrópoli. En el caso de la población urbana la desconcentración fue todavía mayor, ya que el peso relativo del AMCM cayó de 26.8 % a 23.6 % entre 2000 y 2015. También en este caso se aprecia el crecimiento relativo del peso en el Entorno II, y pasó de 5.2 % al 5.5 %.

Tabla 1. Distribución de la población total y urbana según área metropolitana de referencia, sus entornos y resto del país, rondas censales 1980-2015

La evolución del saldo migratorio del AMCM en los años estudiados (Tabla 2; Gráfica 1) confirma la desconcentración ocurrida en esta metrópoli entre 2000 y 2010. En el quinquenio 1995-2000, el AMCM registró una emigración neta por -59,000 personas y una tasa neta de migración del -0.73 por cada mil habitantes al año. Este saldo negativo tuvo como destino principal los entornos I y II, a donde arribó el 70 %. En el lustro 2005-2010, el saldo migratorio fue de -149,000 personas, con tasa de -1.64 por cada mil habitantes al año. Los entornos I y II fueron los receptores del 76 % del saldo negativo. Este movimiento de población indicaría que entre 1995 y 2010 hubo una desconcentración genuina, a decir de la alta participación de los entornos I y II en el destino de los movimientos migratorios desde el AMCM.

Tabla 2. Saldo migratorio y tasa de migración neta (personas por cada mil habitantes al año) según área metropolitana, sus entornos y resto del país, rondas censales 1980-2015

Gráfica 1. Área Metropolitana de la Ciudad de México: saldo migratorio con sus entornos y el resto del país, y tasa de migración neta, 2000-2015

Área Metropolitana del Gran Santiago, Chile

El Área Metropolitana del Gran Santiago (AMGS) ha tendido a elevar su peso relativo sobre la población total del país, desde un 37.9 % en 1982 a un 40.2 % en 2017 (Tabla 1). Por su parte, las tres zonas que conforman el potencial espacio de desconcentración concentrada del AMGS pierden peso respecto del total nacional, al igual que el resto, es decir, todos los municipios a 260 km o más del centro de la comuna de Santiago. El corolario de estos valores es que en Chile no ha ocurrido desconcentración concentrada, al menos en términos demográficos estrictos. Sin embargo, el AMGS sí ha tendido a reducir su peso relativo sobre la población urbana, aunque de forma errática —sube entre 1982 y 1992 para luego bajar en 2002 y 2017— y en cualquier caso, de manera muy leve, ya que la caída es desde 46 % en 1982 a 45.8 % en 2017. Por su parte, los cuatro entornos incluidos en la Tabla 1 también pierden peso sobre la población urbana (en este caso no se trata de porcentaje, por estar considerando población total en el numerador y urbana en el denominador) de forma más pronunciadas que el AMGS. De esta manera, desde la perspectiva del peso demográfico sobre el ámbito urbano sí hay signos, aunque muy leves, de desconcentración del AMGS, pero no concentrada, porque los tres entornos no ganan peso relativo dentro del total urbano.

Considerando la dimensión migratoria de la desconcentración concentrada, la Tabla 2 y Gráfica 2 muestran que el AMGS pasó de tener un intercambio migratorio favorable con todas las zonas de su entorno y con el resto del país en el censo de 1982, a registrar saldos negativos con todas las zonas en el censo de 2017. El saldo migratorio total de la ciudad claramente sigue la tendencia a la baja prevista por la hipótesis de desconcentración. En el censo de 2002 toda la migración neta negativa del AMGS se explicó por su intercambio con las zonas de su entorno, ya que con el ámbito lejano el saldo fue positivo. Pero en el censo de 2017, el escenario fue distinto, puesto que aumentó el saldo negativo total del AMGS, y todos los saldos pasaron a valor negativo. Con base en este último censo se puede afirmar que no hay desconcentración concentrada en Chile desde la perspectiva migratoria, aunque sí la hubo a fines del siglo pasado según el censo de 2002.

Gráfica 2. Área Metropolitana del Gran Santiago: saldo migratorio con sus entornos y el resto del país, y tasa de migración neta, 1982-2017

Por su parte, la Tabla 2 presenta la migración neta total de las cinco zonas analizadas, evidenciando que la pérdida del AMGS con el resto del país se compensa parcialmente por el intercambio de las zonas del entorno del AMGS con el resto del país. Esto es debido a que en el censo de 2017 el saldo migratorio total del resto del país no superó los 6000 efectivos, es decir, mucho menos que el saldo con el AMGS. De hecho, la Tabla 2 y la Gráfica 2 muestran que la zona más atractiva de las cinco analizadas es la del Entorno I al AMGS. Por lo anterior, la desconcentración genérica por migración se hace aún más tenue.

Área Metropolitana de São Paulo, Brasil

El bajo grado de primacía de sus mayores ciudades es una peculiaridad de la red urbana de Brasil. De hecho, aun siendo el centro urbano más importante del país, concentrando parte significativa de su economía, el Área Metropolitana de São Paulo (AMSP), históricamente, no pasó de representar más del 10 % de la población nacional. Investigar el tema de la desconcentración concentrada en el contexto brasileño quizá deba tomar en cuenta tanto las dinámicas regionales como el contexto nacional.

El tema de la desconcentración concentrada en Brasil no es nuevo, aunque no surja inicialmente de una preocupación demográfica. En los años de 1980 hubo un debate sobre lo que estaría pasando con la economía, en especial con la actividad industrial del país. En términos demográficos, quedan dudas sobre la existencia de una real desconcentración metropolitana. De hecho, las áreas metropolitanas concentraban el 29 % de población en 2000, valor que subió a 30 % en 2010.

Tomando en cuenta al AMSP y su dinámica demográfica-territorial como referencia, se dividió al estado de São Paulo en tres entornos: AMSP (la referencia), Entorno I (región más cercana e integrada al AMSP), y Entorno II (resto del estado de São Paulo). A estas divisiones se agrega un cuarto denominado resto del país, que incluye a todos los demás estados de Brasil. Aunque la distancia lineal fue un elemento secundario para la definición, ya que elementos como la integración, permeabilidad de fronteras y complementariedades económica, social y demográfica, fueron los más representativos, no hay duda de que la proximidad es un elemento que subyace a esta delimitación.

Para caracterizar al Entorno I se utiliza el recorte territorial denominado Macrometrópolis. Se trata de una nueva forma urbana que, por sus características en términos de interacción territorial económica y demográfica, se presenta como un proceso de extensión de la metropolización. La Macrometrópolis Paulista representa cerca del 73 % de la población y 83 % del producto interno bruto del Estado de São Paulo y 28 % del producto interno del país; constituye un recorte espacial de interés para observar el fenómeno de concentración/desconcentración a partir de la hipótesis de que, si hay en el Estado de São Paulo una desconcentración demográfica y económica, esta tendría un carácter aún concentrado, considerando que parte significativa de esa desconcentración estaría acotada dentro de un espacio restringido en el territorio paulista.

Según los datos de la Tabla 1, en términos de la población urbana, la Región Metropolitana de São Paulo pierde poco más de un punto porcentual en su participación relativa en la población del país en dos décadas. Los demás municipios de la Macrometrópolis aumentaron su participación en más de un punto porcentual, pasando de un 5.3 % en 1991 a 6.3 % en 2010. Al interior de la Macrometrópolis, el Entorno II perdió peso relativo en el período. Respecto a la población total del país, la pérdida fue más pequeña: de 10.5 %, en 1991, a 10.3 %, en 2010.

Considerando el comportamiento de los saldos migratorios (Tabla 2) se nota que en las décadas de 1990 y de 2000 el AMSP presentó pérdidas poblacionales, aunque con bajo impacto sobre la población considerando las tasas. En contrapartida, sus entornos —en particular el Entorno I correspondiente a la Macrometrópolis— registraron saldo y tasas positivas más elevadas. Por su parte, el resto del país siguió perdiendo población en los intercambios con el estado de São Paulo (AMSP y entornos I y II), aunque con volúmenes decreciente a lo largo de las décadas. Estos datos refuerzan el hecho que el estado de São Paulo, y particularmente las regiones del entorno de su principal ciudad siguen ejerciendo atracción de población, lo que inhibe la desconcentración de su población hacia otras regiones del país.

Al descomponer el saldo migratorio del AMSP, según se reporta en la Gráfica 3, es elocuente que tanto la intensidad como el volumen del saldo migratorio de la región han cambiado significativamente en los períodos considerados. Asimismo, los saldos negativos, especialmente de 1995-2000 y de 2005-2010, se justifican sobre todo por las pérdidas con relación a la Macrometrópolis. No hay que olvidar que, en lo referente a los intercambios demográficos con el resto del país, aun en un escenario de reducción de la migración interestatal y de aumento de la migración de retorno para estados tradicionalmente de expulsión demográfica, a partir de 1990, el AMSP siempre presentó saldos positivos. La información sugiere que no hay evidencias robustas de que haya ocurrido una desconcentración, sino más bien una ampliación territorial del proceso de metropolización.

Gráfica 3. Área Metropolitana de São Paulo: saldo migratorio con sus entornos y el resto del país, y tasa de migración neta, 1986-2010

Gran Área Metropolitana de San José, Costa Rica

En el caso de Costa Rica, se trabajó con la definición oficial de la Gran Área Metropolitana (GAM) que se crea en 1982 con fines de planificación urbana, ordenamiento territorial y conservación ambiental. Su delimitación comprende buena parte del territorio del Valle Central, incluye a la ciudad de San José y su periferia. Abarca 31 de los 81 cantones del país, con una extensión de 1,997 km, 4 % del territorio nacional, y donde reside poco más del 50 % de la población del país. A efectos de estudio, al interior de la GAM, se construyeron los siguientes entornos: una zona central o Centro GAM que agrupa a 10 cantones, incluyendo a la ciudad capital de San José y cantones aledaños; un primer entorno, periférico, constituido por 10 cantones; y, por último, un segundo entorno que se extiende hasta el límite de la GAM y que es mayoritariamente rural, conformado por 11 cantones. El resto del país agrupa a los restantes 50 cantones.

El peso relativo de la GAM en la población total del país no ha cambiado de forma importante y se mantiene alrededor del 53 %. Al considerar el interior de la GAM se encuentra que el Centro GAM ha sido la zona que más cambios ha experimentado, acusando una clara tendencia a perder peso demográfico del país, al pasar del 27.4 % en 1984 a 23.3 % en 2011, participación que claramente ganan los entornos I y II de la GAM, esto como un primer indicio de que habría ocurrido un proceso de desconcentración poblacional.

Si se considera la participación de la GAM como un todo en la distribución de la población urbana del país, en la Tabla 1 se muestra que después de tener un peso cercano al 75 % de la población urbana del país entre 1984 y 2000, disminuye su participación al 67 % en 2011, y nuevamente se observa que es la zona central de la GAM la que acusa una pérdida sistemática mayor, al pasar del 49.7 % al 41.7 % entre 1984 y 2000, hasta disminuir a 31.6 % en 2011. En consecuencia, los entornos cercano y lejano al Centro GAM ganan paulatinamente peso relativo, al crecer del 20 % al 26 % el Entorno I, y el Entorno II del 5 % al 9 % entre 1984 y 2011. En cuanto al resto del país, este creció del 25 % al 33 % en el período de estudio, lo que parece mostrar un proceso de desconcentración real de la población urbana, y no tan claramente de desconcentración concentrada de la GAM.

Por lo que respecta a la dinámica migratoria interna (Gráfica 4), en la búsqueda de reforzar la hipótesis de la desconcentración, lo que se observa es que la GAM tuvo saldo positivo entre 1984 y 2000, cambiando a negativo en 2011. El centro de la GAM es la zona que se desconcentra cada vez con mayor magnitud absoluta y relativa, mientras que los entornos I y II ganan gravitación migratoria, mayor en términos absolutos en el Entorno I, pero mayor porcentualmente en el Entorno II.

Gráfica 4. Gran Área Metropolitana de San José: saldo migratorio con sus entornos y el resto del país, y tasa de migración neta, 1984-2011

Estos resultados en conjunto indican que el proceso de desconcentración de la GAM se debe a la emigración neta de su zona central. Como muestra la Gráfica 4, al estudiar los intercambios de población con sus entornos y el resto del país, queda claro que la pérdida de población del centro crece progresivamente en términos relativos, desde una tasa anual de migración neta de -1.0 por cada mil habitantes en 1984-2000, hasta una tasa de -6.7 por cada mil, habitantes en 2011. Esta desconcentración del centro no es igual durante todo el período: en 1984-2000 se da solo con sus dos entornos inmediatos, mientras que con el resto del país se mantiene un saldo positivo. Pero en 2011 el centro pierde población con respecto a los dos entornos, e incluso con el resto del país.

Área Metropolitana de Montevideo, Uruguay

Uruguay es un país con alta primacía demográfica donde la ciudad de Montevideo históricamente ha representado más del 40 % de la población del país. A partir del censo de 1996 Montevideo presenta, por primera vez, un saldo migratorio total negativo en su intercambio con el resto del país. La explicación de este comportamiento radicó en la importante pérdida de población que la capital comenzó a tener con su área metropolitana, mientras continuaba teniendo saldos positivos con el resto del país.

Considerando la Área Metropolitana de Montevideo (AMM) como ciudad-extendida que incluye tanto al departamento de Montevideo como a las localidades urbanas que lo rodean, se busca identificar la existencia de procesos de desconcentración concentrada hacia sus entornos cercanos: un primer entorno conformado por aquella parte de los departamentos de Canelones y San José que rodean el AMM; un segundo entorno conformado por los departamentos de Colonia, Maldonado y Rocha; y como tercer entorno, el resto del país. Los criterios para definir estos entornos de intercambio no responden estrictamente a las distancias, sino que están influidos por las divisiones administrativas que permiten operacionalizar el estudio. Para el caso del Entorno I, las distancias involucradas, desde el centro de la capital, son de aproximadamente 70 km al este, 130 km al oeste y 70 km al norte. En el Entorno II se amplía a 300 km al este y oeste pero no al norte, completando un rectángulo de 600 x 70 km en donde quedan incluidos los departamentos costeros del país (al Río de la Plata y al Océano Atlántico), donde reside aproximadamente el 70 % de la población desde la década de 1960.

En cuanto a su peso demográfico, la participación de la población del AMM desde 1985 y hasta 2011 permaneció prácticamente sin cambio y en torno al 51 % de la población total, aunque con valores levemente decrecientes (Tabla 1). Las variaciones en el peso relativo de los entornos no han sido tampoco muy significativas: un muy leve aumento de la participación del Entorno I, del orden de 0.2 %; un incremento un poco más significativo del Entorno II, del orden del 1.6 %, y un descenso del peso relativo del resto del país respecto a la población total, del orden de 0.9 %.

Si se considera la participación demográfica de cada unidad territorial con respecto a la población urbana total la magnitud del descenso del AMM es más significativa, desde un 59.2 % en 1985 a un 53.8 % en 2011. El peso del Entorno I se mantiene, aunque con tendencia levemente decreciente, del orden de 0.6 %, mientras que el Entorno II, también se mantiene, pero con tendencia levemente creciente, del orden del 0.8 %. La disminución del peso relativo del AMM, sin estar acompañada de un claro crecimiento del Entorno I, no apuntala la idea de que exista desconcentración concentrada.

La observación de la evolución del saldo migratorio (Tabla 2) muestra que los intercambios poblacionales del AMM con el resto del país mantienen signo positivo, aunque se observa una tendencia decreciente de sus tasas de migración neta, que van de 3.1 por mil anual para el censo de 1985 a 0.5 en el de 2011. El hecho de que el AMM aún mantenga saldos netos positivos es concluyente para poder afirmar que no se está frente a un proceso de desconcentración concentrada, ni siquiera de desconcentración.

La alta emigración internacional que vivió Uruguay durante esas décadas puede ser una explicación de que no hubo aumentos del peso relativo del AMM, tanto frente a la población total como a la población total urbana, a pesar de sus permanentes saldos migratorios internos positivos. En 1985 el AMM mantenía saldos positivos con todos sus entornos (Gráfica 5). En 1996 y 2011, en cambio, presenta saldos negativos con los entornos I y II, manteniendo saldo positivo con el resto del país. Los intercambios negativos con el entorno cercano se incrementan en 2011, mientras que con el segundo entorno disminuyen, pero siguen siendo negativos. Estas tendencias no han desembocado aún en procesos de desconcentración.

Gráfica 5. Área Metropolitana de Montevideo: saldo migratorio con sus entornos y el resto del país, y tasa de migración neta, 1985-2011

Los indicadores manejados permiten afirmar la existencia de un proceso de redistribución de la población sobre el territorio uruguayo, en donde el AMM gana población de los entornos lejanos y pierde con los entornos más cercanos, sin llegar a tener saldos totales negativos, reubicando la población en los territorios costeros, pero sin dejar de concentrar población en el área metropolitana. De mantenerse la tendencia a la disminución del saldo total neto positivo del AMM con sus entornos, y la tendencia creciente del saldo negativo con su Entorno I, podrían comenzar a sentarse las bases de una desconcentración concentrada que hoy no está presente en Uruguay.

Discusión y conclusiones

El modelo de desarrollo globalizador instaurado a partir de los últimos años del siglo XX en las naciones de estudio ha tenido diversas repercusiones. Una de ellas ha sido la reubicación de actividades económicas en zonas diferentes a la ciudad principal, ya que la saturación de los espacios físicos y la elevación de costos y tiempo de traslado de la población se constituyeron en deseconomías urbanas que impactaron negativamente la productividad económica. Se esperaba que la reubicación productiva desencadenara una migración de población para estar cerca de los mercados de trabajo. Ello se expresaría en términos del desarrollo urbano en un cambio de la centralización que prevalecía a una etapa de descentralización económica y poblacional.

¿Cuáles son los aspectos significativos que debieran ocurrir al pasar de la etapa de concentración a la de desconcentración? Uno de ellos tiene que ver con los pesos relativos de las ciudades principales respecto a la población total y a la población urbana. Cuatro de las cinco aglomeraciones urbanas de estudio reducen su participación en la población total y en la población urbana de su país, a excepción de la AMGS, que continúa aumentando su peso en la población total; solo hasta fechas muy recientes inicia su pérdida participativa con respecto a la población urbana nacional.

Un aspecto para considerar tiene que ver con el grado de primacía de la aglomeración urbana. Cuando es muy grande el indicador estamos hablando de que hay una diferencia notable entre el tamaño de la metrópoli bajo estudio y las otras áreas urbanas del país. En el caso del AMCM, su primacía es 1.8 veces mayor a las tres metrópolis que le siguen en el sistema de ciudades de México, lo que muestra su importancia. Es notable lo que ocurre con la GAM de Costa Rica que concentra el 50 % de la población nacional y el 90 % de las actividades industriales, comerciales y servicios. Por otra parte, el AMSP en Brasil, si bien no registra un alto grado de primacía, mantiene su importancia en los años considerados al continuar recibiendo migrantes. Otro indicador que contribuye a entender la dinámica que sigue el proceso de urbanización en las aglomeraciones estudiadas tiene que ver con los flujos migratorios que ocurren entre la metrópoli central y las otras áreas urbanas del país. A este respecto, se han definido distintos entornos, que dependen y se adaptan a las características de cada país, ubicados a cierta distancia del núcleo de la metrópoli central y que permiten ver la dirección de los principales flujos migratorios. Cuando los movimientos de población se concentran hacia distancias cercanas al núcleo principal y es reducido su movimiento a distancias lejanas, es posible hablar de que la metrópoli considerada se caracteriza por presentar una desconcentración concentrada. Por otro lado, cuando no hay diferencias tan profundas entre los destinos según las distancias, entonces se habla de un proceso de desconcentración que puede ser de larga data o bien, reciente.

De las metrópolis presentadas en este artículo, dos de ellas, el AMSP en Brasil y la GAM de Costa Rica, pueden ser clasificadas dentro del grupo que registra una desconcentración concentrada. El AMCM en México registró una desconcentración real, aunque en parte significativamente concentrada. Las otras dos metrópolis, el AMGS en Chile y el AMM en Uruguay, registran también una desconcentración real, pero discreta.

¿Cuáles han sido las condiciones que dieron lugar a los procesos urbanos observados en las metrópolis estudiadas? El AMSP, al igual que los países estudiados, ha registrado un gran impacto por las transformaciones estructurales de su economía con repercusiones en el empleo, en la precarización y en las tasas de desempleo, situación que se reflejó en la reducción de la capacidad de atracción y retención demográfica de su principal región metropolitana, lo que ha implicado incluso un aumento de la migración de retorno de los estados de Noreste del país. El AMSP, aún en un cuadro de crisis y reestructuración productiva, nunca dejó de ser un área de atracción de población, al mismo tiempo que presenta una tendencia a la desconcentración demográfica. Sin embargo, tal desconcentración no se configura como tal, si se considera que buena parte de las pérdidas poblacionales registradas por el AMSP se dio para su entorno más próximo, justamente para una zona que algunos autores señalan como parte de un proceso de expansión de la metropolización, configurando una nueva forma urbana que engloba otras grandes aglomeraciones metropolitanas vecinas: la Macrometrópolis Paulista. En síntesis, en Brasil, en general, y en el Estado de São Paulo, en particular, la hipótesis de desconcentración-concentrada es la que parece ser la más aceptable para definir lo que se está observando, tanto con relación las tendencias de la redistribución espacial de la población como a los movimientos migratorios. Así, se observa en São Paulo una nueva formación que congrega diferentes aglomeraciones urbanas y metropolitanas, cada vez más integrada, interdependiente y con gran complementariedad socioespacial. Queda por confirmar la intensificación de tal tendencia con los datos del próximo censo de población.

Por lo que respecta a la GAM de Costa Rica, en términos migratorios ha experimentado cambios importantes: mientras la movilidad de la población a nivel cantonal en todo el país no superó el 11 %, casi la mitad de dichos movimientos se dio solo entre los cantones que conforman la GAM. Por otra parte, la zona central de la GAM ha experimentado procesos de desconcentración poblacional y, como contraparte, se ha incrementado la concentración total y urbana tanto en el entorno más cercano como el periférico de la GAM. Estos aspectos responden a la combinación de procesos ligados a la gestión de política urbana del Estado y al papel de los sectores desarrollistas inmobiliarios de tipo privado. Los resultados del censo de población de 1984 mostraron el atractivo de la GAM a las migraciones campo-ciudad de décadas anteriores, en búsqueda de mejores condiciones de vida y empleo, así como el efecto posterior de los programas gubernamentales de construcción de vivienda de interés social, para solventar los problemas de la marginación urbana en la zona central. La información censal del año 2000 evidenció las consecuencias de la transición del Estado benefactor, hacia un Estado neoliberal que propició las condiciones para la construcción privada de vivienda para sectores medios y altos, en condominios horizontales y, más adelante, en edificios, en la zona periférica y rural de la GAM. Estas circunstancias explican la progresiva desconcentración de población de las áreas centrales de la GAM hacia sus zonas inmediatas o cercanas y hasta periféricas, con lo que se consolida la redistribución de la población dentro de la GAM, y por tanto la presencia de un proceso de desconcentración concentrada. La información del censo de población de 2021 podrá afianzar estos hallazgos o avanzar en nuevas hipótesis.

En el caso del AMCM en México, se ha configurado una corona regional de metrópolis en su área de influencia, donde se ubican una docena de ciudades y zonas metropolitanas con más de 100,000 habitantes, las cuales concentran alrededor del 10 % de la población total del país. La dinámica de la migración interna en México se ha caracterizado por ser un flujo preferentemente urbano, que tiende a disminuir en intensidad y volumen, además que ha registrado un cambio en el saldo migratorio de esta metrópoli al pasar de inmigración neta a expulsión neta. Esta emigración de población desde el AMCM se explica por las deseconomías que se han generado en esta metrópoli, tales como altos precios de la vivienda en renta y en propiedad, tiempo excesivo utilizado en la movilidad cotidiana y el deterioro ambiental, frente a los atractivos potenciales de lugares competitivos de arribo de la población migrante especializados en la producción manufacturera para la exportación o en el turismo. La migración desde esta metrópoli ha seguido fuerzas centrípetas hacia su corona regional, como también fuerzas centrífugas hacia el resto del territorio nacional. Tal dinámica ha revelado un proceso de desconcentración genuina, aunque en parte significativamente concentrada. Los datos del Censo de población y vivienda de 2020 brindan elementos para corroborar la perseverancia de fuerzas centrípetas y de fuerzas centrífugas en la desconcentración de la población desde el AMCM hacia el resto del territorio nacional.

El AMM en Uruguay ha mostrado saldos migratorios positivos durante los tres últimos censos de ahí que continúa concentrando la población del país. Sin embargo, la emigración internacional ocurrida entre 1980 y 2010 propició que dicha concentración no se refleje en un aumento de su peso demográfico. El proceso de concentración reduce su ritmo, los saldos positivos en su intercambio con el resto del país van disminuyendo y se observan saldos bilaterales alternantes con los dos entornos más cercanos. Los saldos totales no definen una desconcentración efectiva, sino una redistribución de la población total del país sobre las áreas costeras del territorio nacional. El censo de 2023 será el momento de confirmar si las tendencias observadas conducen a un saldo negativo en el intercambio migratorio del AMM con el resto del país, que dé lugar a un proceso de desconcentración concentrada en los términos que fueron definidos en este estudio.

Por último, el AMGS en Chile, es un caso para el debate sobre la desconcentración de los sistemas de ciudades en América Latina, porque Chile es el país donde el experimento neoliberal se inició y tuvo sus expresiones más ortodoxas y profundas, tanto en la dictadura como en la democracia. El modelo neoliberal tendió a desconcentrar la actividad económica, principalmente por el empuje que dio a los rubros primario-exportadores en general fuera de la capital y de las grandes ciudades, Por ello, se esperaba una desconcentración demográfica concomitante. Sin embargo, los resultados no validan esta expectativa: hay una tendencia alcista del peso relativo del AMGS en la población total, aunque respecto de la población urbano-nacional se verifica una ligera caída. Ahora bien, al revisar la información entre 1977 y 2017, el AMGS muestra una inflexión marcada del perfil migratorio, que luego de ser muy atractivo durante casi todo el siglo XX pasa a ser negativo hacia finales de este y todo el siglo XXI. Tal inflexión se debe en gran parte, aunque no mayoritaria, al intercambio con las comunas del país fuera del área máxima de influencia cotidiana de la ciudad, lo que sugiere que la migración efectivamente ha abonado a una desconcentración genuina, al menos durante el siglo XXI. A pesar de ello, el análisis detallado de los números permite concluir que la magnitud de este efecto desconcentrador es marginal, pues el grueso de la pérdida migratoria bilateral del AMGS es con su entorno y no con el resto del país. Por otra parte, se deja constancia de que la búsqueda de factores únicos y transversales de atracción o expulsión y, por ende, de concentración o desconcentración demográfica vía migración, puede ser ilusoria o compleja, por el notorio contrapunto entre persistencia del atractivo para población joven y con mayor educación, y expulsión de población en fase de crianza y con educación no tan alta (Rodríguez, 2009).

En síntesis, aunque las tendencias del período de reestructuración económica pueden sugerir un movimiento de significativa desconcentración en las aglomeraciones urbanas de estudio, eso no ocurrió con la fuerza esperada. No obstante, se registraron cambios en la redistribución espacial de la población. Tal situación se explica por dos factores: por un lado, aun con alguna desconcentración económica, el escenario observado en los años 1990 y 2000 en términos de mercado de trabajo ha sido diferente a lo observado en los primeros períodos de urbanización y concentración. La industria, el comercio y los servicios ya no ofrecen empleos con la misma intensidad y estabilidad que en el pasado. Ahora, los empleos, sobre todo para los trabajadores de menor calificación, son cada vez menos estables y la precariedad laboral es una constante, lo que altera las posibilidades de retención demográfica. Por otro lado, las articulaciones económicas y sociales entre distintas regiones se han ampliado con el avance de los medios de transporte y comunicaciones, repercutiendo en la ubicación residencial de la población dado que se ha vuelto más rápido el traslado del lugar de residencia al de trabajo. Además, aunque no ha sido considerada en este análisis, la red urbana de los países estudiados ha alcanzado cierta estabilidad, en particular porque la migración —el gran motor del proceso de urbanización— seguramente no volverá a alcanzar los niveles e intensidad del pasado, a lo que se agrega el lento crecimiento de la población por la caída de la fecundidad. Cabe señalar que la migración internacional podría alterar de alguna manera la tendencia actual del proceso de urbanización, como parece haber ocurrido en el AMGS. Sin embargo, tampoco parece ser una hipótesis plausible.

Es necesario reflexionar sobre la necesidad de analizar con detalle cada país, porque cada uno reúne particularidades como producto de su historia económica, poblacional y urbana. Si bien hay similitud en algunos de ellos en cuanto a la etapa del proceso de urbanización en el que se encuentran, han llegado de manera diferente en el tiempo y contienen características distintas. Pudiera existir una cercanía entre Brasil y Costa Rica, sin embargo, su situación es muy diferente y guarda relación con la dimensión de sus territorios y el tamaño de su población. México estaría en un punto intermedio y aún no sabemos si ha cambiado su tendencia. Por su parte, Uruguay y Chile son casos que deben ser considerados aparte. Sus historias han sido diferentes. Para una futura investigación se tiene previsto indagar en la desconcentración territorial del empleo según rama de actividad, y también en la compleja, pero fundamental relación entre migración y movilidad cotidiana de la población.

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