Resumen

El planteamiento central de este trabajo es que el nivel de empoderamiento de los adolescentes es un aspecto estrechamente relacionado con las prácticas sexuales de los jóvenes y en particular con la valoración que estos hacen sobre el uso del condón masculino y el real empleo del mismo en sus encuentros sexuales. Con base en datos de la Encuesta sobre Noviazgo, Empoderamiento y Salud Sexual y Reproductiva en Adolescentes Estudiantes de Preparatoria en México (ENESSAEP) de 2014 se emplea análisis factorial para la construcción de un índice de empoderamiento adolescente y de un índice de actitud favorable hacia el condón.  Posteriormente, mediante modelos de regresión lineal y logística, los resultados corroboran ampliamente la asociación positiva esperada entre el nivel de empoderamiento de los jóvenes con una actitud favorable de ellos hacia el uso del condón así como con el uso efectivo del condón en sus encuentros sexuales.

Introducción

La adolescencia es una etapa especialmente importante teniendo en cuenta su papel fundamental en el desarrollo de hábitos y competencias que pueden afectar el bienestar de los jóvenes y su capacidad de afrontar las circunstancias durante toda su vida ( Kia-Keating et al., 2011 citado por Morton y Montgomery, 2011)

El planteamiento central de este trabajo es que los niveles de empoderamiento de los adolescentes están íntimamente relacionados con las prácticas sexuales que los jóvenes adoptan, específicamente respecto a la valoración que hacen sobre el uso del condón y su empleo en sus encuentros sexuales. En este trabajo nos proponemos explorar, a partir de información proveniente de una encuesta reciente en México, la naturaleza y magnitud del vínculo entre empoderamiento adolescente y actitudes respecto al uso del condón.

En un sentido amplio, el empoderamiento es entendido como una expansión en la capacidad de las personas para tomar decisiones estratégicas para su vida en un contexto en el cual esta habilidad les era anteriormente negada ( Kabeer, 2001). El empoderamiento de los adolescentes implicaría, en este marco de análisis, el fortalecimiento de su acceso a la participación y al control de la toma de decisiones sobre la propia sexualidad ( , 2006).

En este trabajo nos planteamos tres objetivos básicos:

El análisis se desarrollará con base en la Encuesta sobre Noviazgo, Empoderamiento y Salud Sexual y Reproductiva en Adolescentes Estudiantes de Preparatoria () en México en 2014. Esta encuesta fue levantada de marzo a diciembre de 2014 entre adolescentes de catorce a veinte años de edad en tres entidades de la República Mexicana (los estados de Morelos, Jalisco y Puebla) y las muestras son aleatorias y representativas para cada entidad. Aunque este grupo etario se corresponde fundamentalmente con la adolescencia, a lo largo del trabajo empleamos los términos adolescentes y jóvenes de manera alternativa para disminuir las repeticiones del término adolescentes, aunque estemos siempre hablando de este grupo.

Los adolescentes incluidos son jóvenes escolarizados y en esa medida si bien representan la situación de poco más de la mitad de los adolescentes en el país, dado que un 55,6% de los adolescentes mexicanos entre quince y diecinueve años permanece en el sistema educativo ( ocde, 2016), se trata claramente del grupo más favorecido y con mejores oportunidades de vida.

Empoderamiento adolescente

Una herramienta particularmente valiosa para el avance hacia el ejercicio pleno de los derechos de los jóvenes, varones y mujeres, radica en su empoderamiento, que les permite entender y desarrollar sus vidas desde una perspectiva de acceso y control. El empoderamiento de los jóvenes implica, desde esta perspectiva, fortalecer su acceso a la participación y al control de la toma de decisiones sobre su propia vida y sobre su sexualidad (, 2006).

En un sentido amplio, el empoderamiento es entendido como un proceso a través del cual las personas adquieren control sobre sus propias vidas ( Rappaport, 1984) o, expresado de otra manera, como una expansión en la capacidad de las personas para tomar decisiones estratégicas para su vida en un contexto en el cual esta habilidad les era anteriormente negada ( Kabeer, 2001).

Empoderar a las personas entonces es ayudarlas a desarrollar la capacidad de tomar sus propias decisiones en lugar de ser objetos pasivos de decisiones hechas en su nombre ( Appleyard, 2002 citado por Solava y Alkire, 2007)

El empoderamiento de los adolescentes refiere a distintos elementos, como el empoderamiento psicológico (autoestima, confianza en sí mismos), el empoderamiento social (sentido de pertenencia, participación en actividades comunitarias), actitudes frente a roles de género y empoderamiento sexual (autoeficacia, sentido de control durante las relaciones sexuales) ( et al., 2010; Zimmerman y Rappaport, 1988; Peterson, 2010). Hasta ahora los aspectos más resaltados en la literatura como elementos centrales del empoderamiento adolescente han sido la autoestima, la agencia, el poder en las relaciones y el poder sexual ( Wang, Wang y Hsu, 2007).

Debido a la complejidad del proceso de empoderamiento y a las múltiples dimensiones que involucra, no existe un modelo ideal o estándar de indicadores para medirlo. En este trabajo exploramos seis dimensiones específicas del empoderamiento adolescente:

Las preguntas incluidas en la 2014 para dar cuenta de este proceso están resumidas en el cuadro 1.

Relación entre empoderamiento, actitudes frente al condón y uso del condón

Diversos programas de promoción de la salud, orientados tanto a la población adolescente como también a la población general, han sido implementados desde lo que se conoce como el modelo de empoderamiento de promoción de la salud en países desarrollados y subdesarrollados ( Labonte, 1993; Kalolo y Kibusi, 2015). Este modelo plantea que el empoderamiento de los individuos, a través de diversas actividades que desarrollan habilidades y capacidades de las personas (como la autoeficacia y el sentido del control), puede conducir a la promoción de conductas saludables y a la reducción de conductas de riesgo ( Woodall et al., 2010; Kalolo y Kibusi, 2015).

La literatura internacional reporta evidencias de que un mayor empoderamiento de los adolescentes va asociado con una actitud más positiva en ellos hacia el uso de anticonceptivos en general, y en específico hacia el condón. Al mismo tiempo, el uso efectivo del condón se vería incrementado entre adolescentes con mayores niveles de empoderamiento: Kalolo y Kibusi (2015) reportan mayor probabilidad de uso del condón en la última relación sexual entre adolescentes con mayor nivel de empoderamiento en Tanzania. Al mismo tiempo, las mujeres adolescentes ugandeses que participaron en un programa para el empoderamiento (Empowerment and Livelihood for Adolescents, Program, que ofrece tutoría, la capacitación en habilidades para la vida y en microfinanzas) habrían incrementado su uso del condón ( Bandiera et al., 2012).

En el caso de México se tienen evidencias de la asociación positiva entre el empoderamiento de las mujeres —expresado en un mayor nivel de autonomía y mayor poder de decisión— y mayores probabilidades de uso de anticonceptivos ( Casique, 2003). También se ha constatado para los varones jóvenes mexicanos una probabilidad diez veces mayor de haber usado alguna vez condón por cada incremento unitario en el índice de roles de género, es decir, a medida que incrementa su actitud igualitaria ( Casique, 2011).

Datos y métodos

Datos

Como ya se dijo, el análisis se desarrolla con base en la 2014, que fue levantada de marzo a diciembre de ese año entre adolescentes de Morelos, Jalisco y Puebla, y las muestras son aleatorias y representativas para cada entidad.

El tamaño de muestra de la enessaep se calculó con el fin de garantizar estimaciones confiables y precisas para cada uno de los estados de Morelos, Puebla y Jalisco y para los tres estados en su conjunto, así como para los sectores público y privado de cada una de las tres entidades federativas y del universo de estudio.

El tamaño de muestra final fue de n=13.427 estudiantes de bachillerato, de los cuales 7610 jóvenes son estudiantes del sector público y 5817 del sector privado. A nivel de dominio de estudio se tiene que 5287 adolescentes viven en Morelos, 4490 en Jalisco y 3650 en Puebla. El tamaño de muestra a nivel del universo de estudio garantiza estimaciones con una confiabilidad de 99% y un error muestral de no más de 1,1%.

Las escuelas, que fueron el lugar de captación de los jóvenes, se seleccionaron mediante un muestreo aleatorio simple, de tal manera que la probabilidad de selección se calculó considerando el número de escuelas de cada municipio. En total se aplicaron encuestas en 188 escuelas: 93 públicas y 95 privadas. Al interior de cada escuela se seleccionó también de manera aleatoria el grupo (o grupos) de estudiantes de preparatoria a los que se les aplicó la encuesta, de manera de incluir al menos setenta estudiantes por cada escuela (siempre y cuando el tamaño de la escuela lo permitiese).

Métodos

Para cada conjunto de preguntas, referidas a una dimensión particular del empoderamiento de los adolescentes, se estimó, mediante análisis factorial con el método de componentes principales, un índice específico referido a esa dimensión del empoderamiento. Posteriormente, integramos todos estos índices en un índice global de empoderamiento adolescente ().

En segundo lugar, y también mediante análisis factorial, estimamos un índice de actitud hacia el condón. Además de este índice examinamos las frecuencias del uso del condón y las diferencias entre varones y mujeres al respecto.

Finalmente, mediante modelos de regresión, exploramos el papel del empoderamiento de los jóvenes (como variable explicativa) en sus actitudes frente al uso del condón (modelo de regresión lineal usando como variable dependiente el índice de actitudes hacia el uso del condón) y respecto a su uso en la primera y última relación sexual (modelos de regresión logística usando como variables dependientes el uso de condón en la primera y en la última relación sexual).

Las primeras dos partes del análisis —estimación de índices de empoderamiento y examinación de las actitudes hacia el condón masculino— incluyen a todos los jóvenes de la muestra (n=13.427), mientras que la última parte del análisis —sobre el uso del condón en la primera y en la última relación sexual— se basa en los adolescentes que ya se han iniciado sexualmente y que representan el 41% de los varones y el 30% de las mujeres (n=2609 varones y 2129 mujeres).

Estimación del índice de empoderamiento

Como ya mencionamos, se estimaron seis índices específicos de empoderamiento correspondientes a las seis dimensiones ya referidas en las vidas de los adolescentes (cuadro 1), los cuales se integran de manera aditiva en el para examinar, posteriormente, los vínculos entre el empoderamiento de los jóvenes y sus actitudes frente al uso del condón.

A partir de las preguntas referidas a cada una de estas dimensiones del empoderamiento (cuadro 1) estimamos, mediante análisis factorial, seis índices específicos de empoderamiento (cálculos no incluidos). Todos los índices se estandarizaron, por lo que sus valores van de cero a uno. Valores más cercanos a uno indican mayor empoderamiento de los jóvenes en esa dimensión (autoestima, agencia, poder sexual, etc.). En el caso del índice de roles de género, los valores más cercanos a uno denotan actitudes más igualitarias, mientras que los valores más cercanos a cero sugieren actitudes más tradicionales frente a los roles de género.

El índice de poder en la pareja supone la existencia de una relación de noviazgo (pasada o presente) por lo que a aquellos adolescentes que no han tenido todavía una relación de pareja se les asigna una calificación de cero en este subíndice. De manera similar, el índice de poder sexual solo puede ser estimado para aquellos que ya se han iniciado sexualmente, por lo que aquellos no iniciados sexualmente quedan con un valor de cero en este índice.

En la tabla 1 presentamos los valores medios de los distintos índices, diferenciando también estos valores medios según sexo. Se incluye además el valor de alfa de Cronbach como indicador de la consistencia interna de cada uno de los índices. Se puede observar que a excepción del índice de poder en la pareja, todos los índices estimados tienen buena consistencia (mayor a 0,60), y que en el caso igea la consistencia es bastante buena (alfa = 0,84).

Resulta muy interesante comparar los valores medios no solo entre varones y mujeres adolescentes sino también entre los distintos índices. Los datos reflejan que las dimensiones de empoderamiento en las que los jóvenes encuestados tienen valores más altos son la autoestima y el empoderamiento social, ambas con valores medios por encima de 0,8. Por otra parte, el índice de poder sexual arroja los valores medios más bajos (0,31 para los varones y 0,23 para las mujeres). Podríamos decir entonces que es en esta dimensión del empoderamiento que los adolescentes —y de manera aún más clara las mujeres adolescentes— tienen una condición claramente más «débil».

Al comparar los valores medios para mujeres y varones se observa que los varones evidencian mayores niveles de empoderamiento en términos de autoestima, agencia y poder sexual, mientras que las mujeres muestran valores más elevados en cuanto a empoderamiento social, actitudes (igualitarias) de roles de género y mayor poder en la pareja. Las diferencias entre sexos en todos y cada uno de los índices de empoderamiento resultan estadísticamente significativas, pero las diferencias en los niveles son claramente más amplias en las actitudes frente a roles de género, en el poder en la pareja (estos dos índices mayores para las mujeres) y en el poder sexual (mayor entre los varones). Finalmente, cuando se comparan los valores de mujeres y varones en el , obtenidos a partir de la integración de los seis índices específicos de empoderamiento, se obtiene un valor ligera pero significativamente mayor para los varones.

Actitudes hacia el uso del condón y su uso en la primera y última relación sexual

La 2014 incluye una batería de preguntas orientadas a examinar las diversas ideas que sustentan los adolescentes respecto a los condones y que sustentarían actitudes positivas o negativas en cuanto a su uso. Estas preguntas se plantearon a todos los adolescentes de la muestra (n=13.427), tanto a los ya iniciados sexualmente como a los que no. La distribución de respuestas obtenidas a estas preguntas está recogida en la tabla 2.

Se puede observar que en los adolescentes conviven, en general, actitudes positivas y negativas hacia el condón y su uso. Por una parte, la mayoría de los adolescentes reconoce al condón como un método eficaz, fácil de adquirir y de usar, pero, al mismo tiempo, la mayor parte de ellos piensa que disminuye las posibilidades de placer al usarlo y asocian su uso a relaciones casuales o de desconfianza en la pareja.

Al examinar estas ideas en torno al condón por sexo los datos parecen sugerir que los varones tienen una actitud más positiva que las mujeres respecto al condón, con porcentajes significativamente más elevados de varones que de mujeres de acuerdo y totalmente de acuerdo con la eficacia (92% contra 87%), la facilidad de uso (95% contra 2%) y de adquisición del condón (72% contra 66%). Por el contrario, las ideas negativas son más frecuentes (algo de acuerdo y totalmente de acuerdo) entre las mujeres que entre los hombres, como la idea de que el condón puede arruinar el acto sexual (58% contra 39%) o que no se siente lo mismo (58 contra 39%). Igualmente, más mujeres que varones piensan que si un hombre pide usar el condón es porque la relación es casual (71% contra 57%) o que si la mujer lo pide es porque desconfía de su pareja (72% contra 66%). Estos datos llaman la atención dado que parecen contradecir la idea usualmente manejada de que son los varones, más que las mujeres, quienes más se resisten al uso del condón.

Haciendo uso de este conjunto de preguntas estimamos una medida integrada de actitud de los jóvenes hacia el condón (un índice aditivo), empleando análisis factorial para confirmar la coherencia conceptual en este conjunto de ítems, así como para identificar los factores subyacentes y la manera de ponderarlos al integrarlos en el índice. El análisis factorial identifica cuatro dimensiones subyacentes que llamamos (en función de los ítems que se identifican con cada uno de ellos) eficiencia, incomodidad, razón de uso y conveniencia (datos no incluidos). Al sumar de manera ponderada estas cuatro dimensiones obtenemos el índice de actitudes hacia el condón, que tiene una aceptable consistencia interna (alfa de Cronbach = 0,64) y sus valores están estandarizados con un rango de valores entre cero y uno. Los valores más cercanos a uno denotan una actitud más positiva hacia el condón y su uso. El valor medio de este índice es de 0,73 para los varones y de 0,74 para las mujeres, con lo que se precisa que la actitud hacia el condón de unos y otros es prácticamente igual para los dos sexos.

Por último, en cuanto de la actitud al uso, exploramos el uso que hicieron los adolescentes ya iniciados sexualmente, del uso de algún método anticonceptivo y del condón en particular, en su primera y en su última relación sexual.

Como puede apreciarse en la tabla 3, un 70% de los jóvenes ya iniciados sexualmente reporta haber usado algún método conceptivo y el 62% habría usado un condón en esa primera relación. Para la última relación sexual estos porcentajes bajan a 68% y 57% respectivamente. Aunque no se trata de disminuciones muy marcadas, sí evidencian cómo con el paso del tiempo (a mayor edad y a mayor duración del noviazgo o relación de pareja) las precauciones y cuidados durante las relaciones sexuales se relajan. Y esto parece ser particularmente cierto en el caso de las mujeres, para quienes el uso de algún anticonceptivo pasa de 72% a 66% entre la primera y última relación sexual, y el uso del condón pasa de 63% a 53%.

Vínculo entre empoderamientoy actitud hacia el condón en los adolescentes

Para examinar el papel que juega el empoderamiento de los adolescentes en sus actitudes hacia el uso del condón, estimamos dos modelos de regresión (uno para varones y otro para mujeres), empleando como variable dependiente el índice de actitudes hacia el condón que describimos previamente. Este índice está estandarizado, con valores que van de cero a uno: mientras mayor es el valor en el índice, más positiva es la actitud de los jóvenes hacia el uso de anticonceptivos. Estos modelos incluyen a todos los jóvenes de la muestra, tanto los no iniciados como los ya iniciados sexualmente, dado que las preguntas sobre actitudes hacia el condón se plantearon para todos.

Como variables explicativas introdujimos todos los indicadores de empoderamiento de los adolescentes y estimamos modelos de regresión alternativos, introduciendo la medida global de empoderamiento o los indicadores específicos de empoderamiento. Si bien el igea resulta también significativo, los modelos logran una mayor capacidad predictora cuando se introducen de manera separada los índices específicos, además de que esta alternativa permite diferenciar cuáles dimensiones del empoderamiento adolescente resultan más significativas en la definición de las actitudes de los jóvenes respecto al uso del condón, por lo que el modelo presentado corresponde a la segunda opción.

Se introducen también en el modelo, como variables de control, algunas características sociodemográficas de los adolescentes como edad, tipo de institución en la que estudian (pública o privada), si viven con alguno o ambos padres, su nivel de conocimiento sobre anticonceptivos —a través un índice estimado con base en el número de métodos anticonceptivos que reconocen— y si se han iniciado o no sexualmente. La distribución de estas variables (o el valor de la media para las variables continuas) se puede observar en la tabla 4.

Los datos permiten identificar que la edad media de los adolescentes de esta muestra está en torno a los 16 años y que la mayor proporción de ellos asiste a escuelas públicas (57%), vive con ambos padres (69%) y el jefe de su hogar (casi siempre el padre) tiene en la mayoría de los casos un nivel educativo de secundaria o más.

Por otra parte, 77% de los adolescentes tuvieron novio/a en el último año y la duración promedio de dichos noviazgos fue de 7,6 meses. Una proporción muy elevada de los jóvenes afirma que sí le pediría a su pareja usar condón y el valor medio de conocimiento de anticonceptivos es de 0,62 (valor máximo de uno). Finalmente, la edad media de iniciación sexual es de quince años (14,9 para los varones y 15,7 para las mujeres) y el promedio de parejas sexuales es de 3,6 para los hombres y 1,8 para las mujeres.

Los resultados de regresión ponen en evidencia el relevante papel de las distintas dimensiones de empoderamiento de los adolescentes y su actitud hacia el uso del condón (tabla 5).

En general, todos los indicadores de empoderamiento muestran asociaciones significativas con la actitud hacia el condón. En el caso de los hombres el índice de empoderamiento social solo no muestra una asociación significativa con sus actitudes hacia el condón, mientras que para las mujeres el indicador de autoestima solo no resulta un predictor significativo de sus actitudes hacia el uso del condón.

Los valores estandarizados de los coeficientes (betas) permiten determinar cuáles variables tienen mayor efecto (o menor) sobre la variable dependiente. Dos de las cuatro variables con mayor efecto son dimensiones del empoderamiento: tanto para varones como para mujeres destacan con un importante efecto sobre las actitudes hacia el condón de los jóvenes el índice de poder sexual y las actitudes hacia los roles de género, ambas con un efecto positivo, incrementando la actitud positiva hacia el condón a medida que se incrementa el empoderamiento de los jóvenes en estas dimensiones. Las otras dimensiones de empoderamiento muestran también, aunque en menor medida, asociaciones positivas con las actitudes hacia el condón.

Otra variable que destaca por tener una asociación muy importante con las actitudes hacia el uso del condón es la condición de iniciados sexualmente. El valor negativo del coeficiente de esta variable evidencia que, tanto para las mujeres como para los hombres, la actitud positiva hacia el uso del condón es menor entre los que ya han tenido alguna experiencia sexual que entre aquellos que no. Resulta llamativo y preocupante el sentido de esta asociación, en tanto sugiere que la adquisición de experiencia sexual no va acompañada de conductas de mayor cuidado o prevención.

Finalmente, el índice de conocimiento de anticonceptivos también evidencia una asociación significativa y positiva, indicando que a medida que incrementa el valor de este índice se incrementa la actitud positiva hacia el condón en los adolescentes, en varones y mujeres.

Empoderamiento y probabilidad de uso del condón

Para examinar ahora el papel que juega el empoderamiento de los adolescentes en la probabilidad de que estos efectivamente usen el condón durante sus relaciones sexuales, planteamos dos modelos de regresión —para hombres y para mujeres— empleando como variable dependiente, en el primero el uso del condón durante la primera relación sexual y, en el segundo, el uso del condón durante la última relación sexual.

Estimar un modelo en torno al uso del condón en la primera relación sexual implica asumir que las características actuales de los jóvenes que se introducen en el modelo como variables explicativas pudieran no corresponderse con los valores de esas variables en aquel momento y el riesgo por tanto de que el modelo no resulte apropiado. Examinamos por ello previamente el tiempo promedio transcurrido entre la primera relación sexual y el momento de la encuesta, y encontramos que el tiempo promedio para estos adolescentes ya iniciados sexualmente es de 1,7 años, y que 52,57% de ellos tuvieron la primera relación sexual en el último año y un 74% la tuvo en los últimos dos años. Frente a estos datos que sustentan una cercanía temporal bastante estrecha para la mayoría de estos jóvenes, decidimos estimar este primer modelo, que de cualquier manera planteamos con todas las reservas necesarias.

Como variables explicativas centrales introducimos los seis índices específicos de empoderamiento de los adolescentes ya descritos previamente: índice de poder social, índice de autoestima, índice de agencia, índice de actitudes frente a roles de género, índice de poder en la pareja e índice de poder sexual. Es importante mencionar que los modelos fueron estimados empleando primero solamente el igea —que arroja una asociación significativa con el uso del condón— y, luego, sustituyendo este indicador por los seis índices específicos de empoderamiento. Incluimos en este trabajo solo estos últimos modelos, ya que presentan un mayor poder explicativo.

Adicionalmente, se incorporaron en el modelo otras variables independientes referidas a características sociodemográficas del adolescente: edad, tipo de escuela a la que asiste (pública o privada), si vive con los padres (ambos, solo padre, solo madre o ninguno), el nivel educativo del jefe del hogar, el índice de conocimiento de anticonceptivos, si le pediría a su pareja usar condón (sí o no), la edad de inicio sexual y el número de parejas sexuales que ha tenido. Esta última variable no se incluyó en los modelos finales, ya que presenta una correlación alta con la edad de inicio sexual.

Para el modelo correspondiente al uso del condón en la última relación sexual incorporamos también algunas características relativas al último novio y al noviazgo: edad y nivel educativo del novio, duración del noviazgo en meses y un índice de apoyo de la pareja (que mide el nivel de apoyo que recibe de su pareja, en una escala de cero a uno).

Los resultados del modelo de regresión logit para el uso del condón durante la primera relación se muestran en la tabla 6 y aquellos para el uso del condón durante la última relación, en la tabla 7.

Respecto al uso del condón durante la primera relación sexual se observa que las variables tipo de escuela, si vive con ambos padres y el índice de conocimiento de anticonceptivos no muestran una asociación significativa con el uso del condón ni para los hombres ni para las mujeres (tabla 6).

Al centrar la atención en los indicadores de empoderamiento se observa que el índice de actitudes hacia los roles de género y el índice de poder sexual arrojan asociaciones altamente significativas. El índice de roles de género evidencia una asociación significativa con el uso del condón en la primera relación solo en el caso de los varones y esta tiene una dirección opuesta a la esperada: por cada incremento unitario en el índice de actitudes hacia roles de género (una actitud más igualitaria) se reduce la razón de probabilidad de usar condón en un 66%. En cuanto al índice de poder sexual, se observa que por cada incremento unitario en él, la razón de probabilidad de usar condón en la primera relación sexual se multiplica por 35 en el caso de los varones y por 21 en el de las mujeres. El resto de indicadores de empoderamiento no evidencia una asociación significativa con el uso del condón en la primera relación sexual en los jóvenes de esta muestra.

El nivel educativo del jefe/a de hogar (que corresponde mayoritariamente al nivel educativo del padre o de la madre) muestra una asociación significativa y positiva con el uso del condón. Cuando el jefe de hogar tiene un nivel educativo de preparatoria, la razón de probabilidad de usar condón en la primera relación sexual es 45% mayor —tanto para los varones como para las mujeres adolescentes—, comparados con aquellos jóvenes que reportan un nivel educativo de secundaria del jefe/a de hogar. Cuando el nivel educativo del jefe de hogar es de licenciatura o más, la razón de probabilidad de los varones de usar condón en la primera relación es 64% mayor respecto a la categoría de referencia.

En cuanto a la edad de los jóvenes, se observa que para los varones de dieciséis o diecisiete años, comparados con los de catorce o quince, la razón de probabilidad de haber usado condón en la primera relación es 31% menor, y entre los de diecinueve o veinte años esta probabilidad es 33% menor que la de los de catorce o quince años. Para las mujeres de diecinueve o veinte años, la razón de probabilidad de haber usado condón en la primera relación es 33% menor comparada con la de las jóvenes de catorce o quince años.

El hecho de que los jóvenes consideren que sí le pedirían a su pareja que usase el condón durante una relación sexual arroja una asociación significativa con el uso del condón en la primera relación tanto para mujeres como para los hombres: la razón de probabilidad de usar el condón se incrementa en 98% para las mujeres y 77% para los varones comparados con aquellos jóvenes que no le pedirían el uso del condón a su pareja.

De manera similar, una actitud positiva hacia el uso del condón, medida a través del índice de actitud hacia el condón, muestra asociaciones altamente significativas con el uso del condón en la primera relación para ambos sexos, multiplicando la razón de probabilidad de uso por ocho en el caso de los varones y por cuatro para las mujeres.

Finalmente, la edad de inicio sexual muestra una asociación significativa solo para los varones, incrementando la razón de probabilidad de uso del condón en la primera relación en un 11% por cada año adicional de edad al inicio sexual.

Cuando analizamos los resultados del modelo de regresión referido al uso del condón en la última relación sexual (tabla 7), se observa que los modelos logran un mejor ajuste que los correspondientes al uso del condón en la primera relación, y este mejor ajuste debe responder —al menos en parte— a que se controla mejor la cercanía temporal entre los distintos indicadores incorporados en el modelo y la variable dependiente. También se adicionan otras variables independientes, vinculadas a la actual o última relación de noviazgo, algunas de las cuales resultan predictores significativos en estos últimos modelos, así como el indicador de si usó el condón en la primera relación sexual.

Los resultados para este modelo muestran que, de los seis indicadores de empoderamiento de los adolescentes incluidos, ahora únicamente el índice de poder sexual muestra una fuerte asociación significativa con el uso del condón en la última relación para ambos sexos: el uso del preservativo en la última relación se multiplica por 68 en el caso de los varones y por 119 en el de las mujeres. Los altos valores de estas razones de probabilidad ubican al poder sexual de los adolescentes como el más fuerte predictor del uso del condón en la última relación sexual.

Sin embargo, otras variables también arrojan asociaciones significativas y fuertes. El hecho de que el joven o la joven piense que podría pedir a su pareja usar condón muestra una asociación significativa con su uso en la última relación, que multiplica la razón de probabilidad de que esto ocurra en 2,3 veces para los hombres y en 4,8 veces para las mujeres.

El índice de actitud hacia el condón de los jóvenes aparece también con una fuerte y significativa asociación con el uso del condón en la última relación, multiplicando la razón de probabilidad de que el condón sea empleado por diez en el caso de los varones y por seis veces para las mujeres adolescentes.

La edad de inicio sexual arroja una importante asociación positiva con el uso del condón en la última relación sexual tanto para varones como para mujeres, multiplicando la razón de probabilidad de uso del condón en esta última relación por cuatro en el caso de los varones y por tres en el caso de las mujeres.

El uso del condón en la primera relación muestra también una asociación positiva y significativa con el uso de este en la última relación, pero solo en el caso de las mujeres: la razón de probabilidad de uso del condón en la última relación sexual es un 17% mayor para aquellas mujeres que previamente habían usado el condón en su primera relación sexual. El índice de conocimiento de anticonceptivos muestra una asociación significativa con el uso del condón en la última relación tanto para mujeres como para varones, pero la dirección de la asociación es negativa: cada incremento unitario en este índice se asocia a una disminución en la razón de probabilidad de uso de condón de un 41% para las mujeres y de 35% en los varones. Una posible explicación es que al conocer más sobre los anticonceptivos los adolescentes opten por otros métodos diferentes al condón.

También la duración en meses del noviazgo muestra asociaciones significativas con el uso del condón en la última relación sexual, de manera que por cada mes adicional de duración del noviazgo la razón de probabilidad de usar preservativo en la última relación se reduce en un 2% para los varones y en 1% para las mujeres. Este resultado confirma hallazgos de otras investigaciones que coinciden en que el uso del condón se relaja a medida que progresa la duración de la relación de pareja.

La edad de los adolescentes muestra también una asociación significativa pero solo para las mujeres: al aumentar la edad de la adolescente tiende a disminuir la razón de probabilidad de uso del condón en la última relación. Comparadas con las jóvenes de catorce y quince años, para las adolescentes de diecisiete y dieciocho años esta razón de probabilidad se reduce en un 29% y para las de diecinueve a veinte años se reduce aún más en un 41%.

Finalmente, vivir con ambos padres, el nivel educativo del jefe de hogar, el carácter público o privado de escuela a la que asisten, la edad del novio/a y el nivel educativo del novio/a no evidencian asociaciones significativas con el uso del condón en la última relación sexual entre los jóvenes de esta muestra.

Conclusiones

El análisis desarrollado arroja evidencias novedosas y relevantes en la comprensión y atención de la salud sexual de los adolescentes, en concreto en torno a los vínculos entre empoderamiento adolescente y sus actitudes y uso del condón.

Un primer aporte de este trabajo se ubica en torno a la propuesta y estimación de un índice de empoderamiento global de los adolescentes. Este indicador alcanza una consistencia bastante alta y el análisis de las distintas dimensiones que lo integran permite identificar que mientras los varones muestran mayores niveles de empoderamiento en términos de autoestima, agencia y poder sexual, las mujeres muestran valores más elevados en cuanto a empoderamiento social, a actitudes (igualitarias) de roles de género y a mayor poder en la pareja. En resumen, los valores de empoderamiento global de unos y otros son casi iguales, apenas superior en un punto en el caso de los varones (0,69 contra 0,68).

El cálculo del índice de actitudes positivas hacia el condón pone en evidencia actitudes muy similares entre mujeres y varones, aunque el valor en el índice final de actitudes es ligeramente más elevado entre las mujeres (0,74 contra 0,73 respectivamente). La revisión de los distintos elementos que se integran en este índice pone de manifiesto que los adolescentes mantienen de manera simultánea actitudes tanto positivas como negativas hacia el condón y su uso: la mayoría de ellos reconoce al condón como un método eficaz, fácil de adquirir y de usar, pero al mismo tiempo la mayor parte piensa que el condón disminuye las posibilidades de placer durante la relación y asocian su uso a relaciones casuales o de desconfianza en la pareja.

El modelo de regresión lineal desarrollado para predecir la actitud de los adolescentes hacia el condón muestra de manera contundente el estrecho vínculo entre el nivel de empoderamiento de los adolescentes y esta actitud. Prácticamente todos los indicadores de empoderamiento muestran asociaciones significativas con la actitud de los jóvenes hacia el condón. Y mientras mayor es el nivel de empoderamiento en cada una de las dimensiones de empoderamiento incluidas, más positiva es la actitud de los adolescentes varones y mujeres hacia el condón y su uso. Por otra parte, cuando examinamos el rol que juega el empoderamiento de los adolescentes en el uso efectivo del condón en la primera y última relación sexual, los hallazgos confirman una asociación significativa del índice de poder sexual y del índice de roles en el uso del condón durante la primera relación sexual. Asimismo, se evidencia una asociación positiva y significativa entre el poder sexual de los adolescentes y el uso del condón en la última relación sexual.

El nivel de empoderamiento de los adolescentes se confirma entonces como un aspecto estrechamente vinculado a actitudes y conductas que pueden propiciar y fortalecer el desarrollo de una sexualidad plena y saludable entre los jóvenes. El uso del condón, frecuentemente planteado como estrategia central en la prevención de infecciones de transmisión sexual y de embarazos no deseados entre los adolescentes, puede verse significativamente ampliado a través del diseño y la implementación de programas orientados al empoderamiento de los jóvenes. La asociación que se observa entre uno y otro es tanto directa como indirecta —mediada por el favorecimiento de actitudes más positivas hacia el uso del condón— de acuerdo a los resultados obtenidos.

Hay algunas limitaciones importante de este trabajo que no omitimos mencionar. La primera es que la información empleada es solo representativa de adolescentes escolarizados, que sin duda están en el lado más positivo del espectro de características sociodemográficas de los adolescentes mexicanos. Por otra parte, los datos solo son representativos para tres entidades de la República Mexicana.

Con todo, los resultados presentados permiten identificar el rol clave que puede jugar el empoderamiento de los adolescentes en cualquier programa orientado a su mayor bienestar y, en concreto, al fortalecimiento de su salud sexual y reproductiva. Es una vía de intervención y avance que reclama mayor atención e impulso.

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