Resumen

En los últimos años, la migración de profesionales mexicanos a los Estados Unidos de Norteamérica se ha incrementado significativamente, tendencia que ha sido más acentuada en las mujeres, quienes presentan una tasa de emigración superior a la de los hombres. Sin embargo, a la fecha, es poco lo que se conoce sobre este contingente de población migrante. En este contexto cabe preguntarse: ¿quiénes son las mujeres calificadas que están emigrando?, ¿cuál es su nivel educativo y área de conocimiento en la que se formaron?, y ¿en qué condiciones se emplean en Estados Unidos? Con la finalidad de dar una respuesta a tales interrogantes, este artículo tiene por objetivo analizar la inserción laboral de las mujeres profesionales mexicanas inmigrantes en Estados Unidos desde una perspectiva comparativa con las mujeres nativas y las inmigrantes de otros países y regiones del mundo. Concretamente, haciendo uso de los datos recopilados por la American Community Surrvey (ACS) para 2014, se busca dar cuenta del volumen, tendencias, características sociodemográficas y educativas de las profesionales mexicanas, así como de sus niveles de participación económica, patrones de inserción ocupacional y niveles de ingresos en Estados Unidos.

Introducción

El siglo fue considerado como la era de las migraciones. Sin embrago, fue hasta mediados de siglo cuando se empezó a visibilizar la participación de las mujeres en los flujos migratorios. Actualmente, se sabe que las mujeres representan entre 48% y 50% del stock de población migrante en todo el mundo ( ocde, 2010). Además, se ha señalado que una proporción importante de mujeres que poseen altos niveles educativos y de capacitación —como las estudiantes, científicas, académicas, trabajadoras ejecutivas, técnicas y profesionales asalariadas e independientes, empresarias, entre otras—, se han incorporado a los flujos migratorios internacionales y lo han hecho con mayor frecuencia e intensidad que los hombres con similares títulos universitarios.

Estimaciones propias hechas a partir de las bases de datos sobre migración internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (), indican que, entre 2000 y 2010, el stock de mujeres migrantes con nivel de escolaridad alto creció en 85,3%, al pasar de 8,8 millones en 2000 a 16,3 millones en 2010, mientras que el stock de los hombres con ese mismo nivel formativo lo hizo en 66,2%, al pasar de nueve millones en 2000 a quince millones en 2010. Aunque esta tendencia al incremento de la migración femenina calificada se ha presentado en todos los países y regiones del mundo, América Latina es una de la regiones con mayor migración femenina calificada y, de los países que la conforman, México es el país que presenta una tasa de migración calificada alta ( Lozano y Gandini, 2010; , 2012).

Sin embrago, a la fecha, el interés por el tema de la migración femenina calificada mexicana ha sido episódico y poco documentado. En este sentido, y con la finalidad de abonar conocimiento en este campo de las migraciones internacionales, este artículo tiene como objetivo analizar la migración de mexicanas calificadas a Estados Unidos de Norteamérica, e indagar en su inserción ocupacional en el mercado laboral de profesionales de ese país. Para cumplir con tal encomienda se recurre a la estadística descriptiva e inferencial y se utiliza como fuente de información la American Community Survey (acs), que contiene un cúmulo de datos estadísticos sobre las características sociodemográficas, laborales y migratorias de la población residente en Estados Unidos, lo que permite cuantificar y caracterizar a este segmento de la población migrante internacional.

La exposición de temas contenidos en el documento es la siguiente: en la primera parte se presenta un breve análisis del binomio migración femenina calificada y mercados laborales globales. En la segunda parte se describen algunas tendencias de la migración calificada femenina de México a Estados Unidos, además de indagar en las principales áreas de conocimiento en las que se formaron las mujeres mexicanas. En la tercera se describen los niveles de participación económica de las inmigrantes mexicanas en el mercado laboral estadounidense. Posteriormente, en la cuarta parte, se analizan el tipo y el nivel de calificación de la ocupación en la que se desempeñan. En la quinta parte se examinan los factores asociados a la probabilidad que poseen las mujeres mexicanas de insertarse en una ocupación altamente calificada, es decir, en un empleo que demande de los conocimientos y habilidades adquiridos durante su formación profesional. Y, finalmente, se presenta información referente al ingreso por trabajo que perciben las mujeres mexicanas anualmente y por área de formación profesional. El artículo concluye con una serie de reflexiones finales.

Migración femenina calificada y mercados de trabajo globales

La transición a una economía basada en el conocimiento —caracterizada por diversos procesos de innovación, desarrollo científico y tecnológico—, ha traído consigo una alta demanda de mano de obra inmigrante cada vez más calificada en todos los países del mundo, principalmente en los más desarrollados ( Aragonés y Salgado, 2014; Beckhusen et al., 2013), y en aquellos que atraviesan por una etapa avanzada de su transición demográfica, donde la tasa global de fecundidad es inferior al nivel de reemplazo, lo que ha provocado un envejecimiento de la población económicamente activa y una reducción de los trabajadores jóvenes que ingresan al mercado laboral ( Pellegrino y Martínez, 2001). En Estados Unidos, por ejemplo, dicho proceso ha generado una alta demanda de mujeres profesionales en medicina, enfermería y otros ámbitos de la salud, mientras que Filipinas se ha convertido en su principal proveedor. De ahí que Estados Unidos, junto con otros países desarrollados como Canadá, Australia y el Reino Unido han ajustado sus reglamentos migratorios a fin captar y favorecer la recepción y contratación de profesionales extranjeros ( Kofman y Raghuram, 2006), con el objetivo no solo de satisfacer sus necesidades de mano de obra, sino también de mantener su desarrollo económico y su liderazgo a nivel mundial.

Esta nueva fase de la economía global se caracteriza por una nueva división del trabajo y nuevas estructuras de empleo, pero también por nuevas desigualdades entre sectores de población, regiones y países. Estas desigualdades están correlacionadas con las competencias y las calificaciones, pero también con relaciones de género. Por ejemplo, los países reclutadores de recursos humanos altamente calificados especialistas en ciencias y tecnologías de la información han favorecido la migración masculina altamente calificada ( Couton, 2002).

En este contexto se sitúa Estados Unidos, una nación que se ha distinguido por reclutar a un amplio número de ingenieros, licenciados en ciencias de la computación y tecnologías de la información, lo que lo ha convertido en el país líder de la economía del conocimiento, aunque países como China e India compiten fuertemente. De ahí que la política estadounidense de reclutamiento de extranjeros, estudiantes y recién graduados en ciencia y tecnología sea apoyada desde el seno de la Cámara de Representantes de ese país, a fin de retener a los mejores y más brillantes talentos ( Lozano Ascencio y Ramírez-García, 2015a), así como a los empresarios, científicos y especialistas de alta tecnología. Sobre este punto cabe destacar que, en 2009, los estudiantes extranjeros en aquel país representaron 45% de todos los graduados en ingeniería, matemáticas, computación y ciencias físicas (, por sus siglas en ingles) y 52% de los nuevos graduados de doctorado en estos campos, lo cual da cuenta de una alta selectividad en este tipo de migración ( Pope, 2012). Esta política de reclutamiento tiene un sesgo de género, en virtud de que se trata de carreras y profesiones más masculinizadas.

En cambio, en aquellas naciones donde existe una mayor demanda por profesionales en el cuidado y la atención a la salud, en la educación y en otros servicios personales se ha incentivado la migración femenina calificada ( Yeates, 2004). En tal sentido, el empleo femenino calificado y no calificado se ha convertido en la cara pública de las denominadas cadenas globales de cuidados personales y sociales ( Yeates 2004). Por ejemplo, las mujeres constituyen una parte importante de los médicos que se desplazan hacia el Reino Unido. En el año 2002, 54% de los nuevos solicitantes de registro al Consejo Médico General de ese país fueron mujeres ( Kofman. Raghuram y Merefield, 2005). Asimismo, un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud () en 2006 sobre el circuito migratorio de profesionales de la salud —médicos y enfermeras— de los países andinos a España, muestra que el número de títulos en medicina provenientes de la región homologados pasó de 246 en 2002 a 3534 en 2009, siendo Perú y Colombia los países con mayor número de médicos (alrededor de 60%) ( Álvarez, 2012, citada en ops, 2006). Estas cifras obviamente no incluyen a todas aquellas médicas, enfermeras y otras profesionales que emigran sin un contrato laboral de por medio o con la documentación migratoria requerida que les permita ejercer su profesión en los países de llegada, situación que las coloca en una posición de vulnerabilidad laboral, debido a que la falta de reconocimientos de títulos y credenciales educativos les impide desempeñarse en un puesto de trabajo acorde con su formación profesional. Al respecto, diversos estudios ( Mollard y Umar, 2012; Koffman, 2013) revelan que muchas de ellas se han insertado en nichos laborales típicamente femeninos, precarizados y que no requieren de niveles específicos de formación educativa, como el trabajo doméstico y de cuidados, a pesar de contar con estudios de educación superior o un posgrado.

Hochschild (2002) argumenta que las cadenas de cuidados involucran grandes divisiones sociales y profundas desigualdades, que a su vez se reflejan en divisiones de clase, riqueza, ingresos y estatus socioeconómico, entre los hogares ricos ubicados en regiones o países desarrollados y los hogares más pobres que prestan parte de sus servicios de cuidado y de requerimientos laborales desde áreas más pobres del mismo país o en países menos desarrollados de la misma región. Ello, evidentemente, causa un cúmulo de situaciones generadoras de desigualdad entre mujeres y familias de distinto origen nacional, clase social, raza o nivel educativo. Asimismo, produce cambios cualitativos en las diferencias de género que revelan la persistencia de desigualdades entre mujeres y hombres ( Pla, 2009).

No obstante, cabe señalar que la migración calificada femenina no solamente está inserta en este circuito de labores de cuidados. Su inserción en otros sectores laborales y sociales, aunque posiblemente minoritaria, generalmente ha permanecido oculta o subvalorada, en parte por una sobrerrepresentación y cuasi identificación inmediata de las mujeres con el empleo doméstico y de cuidados. Este sesgo en el análisis de la inserción ocupacional de las mujeres migrantes calificadas ha contribuido a invisibilizar su participación en otros campos laborales como las ingenierías, los negocios y las finanzas, entre otros, de tal forma que pareciera que el mercado laboral de las habilidades es habitado solo por hombres, ya que ellos se forman y emplean mayormente en industrias basadas en el conocimiento, las finanzas, la ciencia y la tecnología ( Kofman, 2007). Es decir que la propia literatura sobre migración calificada ha propiciado la asociación entre ciertas ocupaciones típicas y los hombres calificados () y otras supuestamente propias de mujeres calificadas (care work). Ello ha visibilizado ciertas ocupaciones ciertamente masculinizadas y feminizadas pero ha invisibilizado otras. Así, conocemos poco sobre las áreas en las que ellas se forman, en las que se insertan y sobre cuáles son sus características.

Tendencias de la migración femenina calificada de México a Estados Unidos

En los últimos años, la migración mexicana que se dirige a los Estados Unidos de Norteamérica ha experimentado cambios significativos en su volumen, sus tendencias y modalidades, así como en el perfil sociodemográfico de las personas que conforman ese flujo migratorio. Entre ellos, destaca la creciente participación de mujeres con altos niveles de formación educativa y especialización, es decir, de mujeres altamente calificadas ( Docquier, Lowell y Marfouk, 2008; Lozano y Gandini, 2010; Ávila, 2015; Calva, 2015; Bermúdez, 2015).

Datos de la indican que el stock de mujeres mexicanas con estudios de licenciatura terminada o posgrado (maestría, grado profesional o doctorado) de veinte años o más residentes en Estados Unidos creció a una tasa media anual de 11,6% entre 1990 y 2000, al pasar de 48.000 personas en 1990 a 144.000 en el año 2000. Esta tasa es por mucho superior a la de sus connacionales varones con similares credenciales educativas, que fue de 8,1% en el mismo período (gráficas 1 y 2). En términos absolutos, dicho crecimiento casi se duplicó al pasar de 144.000 a 287.000 personas durante la primera década del siglo xxi. No obstante, en términos relativos, la tasa de crecimiento anual de ese decenio (7,1%) fue menor a la registrada en la década anterior —situación que podría ser un reflejo de la crisis económica mundial de 2008, que tuvo su epicentro en Estados Unidos e impactó significativamente en el mercado laboral estadounidense—, pero continuó siendo superior a la de los hombres (5%). En 2014, alrededor de 342.000 mujeres mexicanas con estudios de licenciatura terminada o posgrado se encontraban radicadas en Estados Unidos, lo que indica que durante todo el período analizado (1990-2014), la tasa de crecimiento promedio anual de las mujeres calificadas fue de 8,2%, mientras que la de los hombres fue de 5,7% (gráfico 2). Asimismo, los datos indican que en ese período, las mexicanas con estudios de licenciatura fueron las que más incrementaron su participación en la migración a Estados Unidos (gráfico 1), por lo que se podría decir que se trata de una composición relativamente menos calificada dentro de los calificados, como ya ha sido observado en otros trabajos ( Gandini, 2015). Finalmente, cabe destacar que la migración de mujeres mexicanas calificadas ha permanecido en términos relativos por encima de la migración de mujeres no calificadas: entre 2006 y 2012, las primeras experimentaron un crecimiento porcentual de 32,2%, mientras que las segundas lo hicieron en 11,9%, según datos de la acs de 2006 y 2012.

Tal crecimiento inusitado de la migración calificada femenina mexicana en Estados Unidos guarda relación, por un lado, con el aumento del nivel de instrucción y la mayor representación de las mujeres en el sistema educativo mexicano y, por el otro, con su desempeño en el mercado laboral. Con relación al primero de los procesos, las estadísticas censales muestran que, entre 1990 y 2010, la población femenina mexicana con estudios de posgrado (maestría y doctorado) residente en México aumentó de 135.000 a 398.000, lo que significó un incremento de 194% (Censos de Población y Vivienda 1990 y 2010, inegi . Esta cifra es, por mucho, superior a la de los hombres con el mismo nivel educativo, quienes pasaron de 205.000 a 522.000 (un crecimiento de 154%). Respecto a lo acontecido en el mundo del trabajo, en general, las mujeres mexicanas han evidenciado una mayor participación en mercado laboral mexicano. En 2010, las mujeres con estudios de posgrado registraron una tasa de ocupación de 98,5%, según datos del censo de ese año. Ambos procesos han representado cambios sustanciales en la posición de la mujer en la sociedad mexicana y, de esta forma, constituyen factores estructurales altamente influyentes en su participación en la migración internacional calificada ( Docquier, Lowell y Marfouk, 2008).

Asimismo, más allá de las tendencias sociodemográficas descritas que propiciaron el dinamismo de dicho tipo de migración, otros factores, como la diferencia salarial, las oportunidades profesionales, las redes sociales y la cercanía geográfica entre México y Estados Unidos también han incidido ( Ávila, 2015), así como las políticas de reclutamiento de mano de obra calificada implementadas por el gobierno estadounidense para atraer trabajadores calificados y retener a los estudiantes extranjeros graduados en las universidades de ese país ( Lozano Ascensio y Ramírez-García, 2015a). Tales políticas de inmigración no solo han incidido en el incremento de la migración femenina calificada hacia ese país, sino también en el reclutamiento de mano de obra especializada en ciertas áreas del conocimiento. En el caso de las mujeres, como ya se mencionó, existe una amplia demanda por especialistas en medicina y en el cuidado de la salud, así como en el sector de formación educativa y otros servicios personales y sociales, mientras que la mano de obra calificada masculina es relativamente más demandada en trabajos relacionados con la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas () ( Hochschild, 2002; Kofman, 2007).

Los datos de la para 2009 (año a partir del cual la encuesta empezó a captar información sobre el área de formación) y 2014 muestran que las mujeres mexicanas calificadas residentes en Estados Unidos se formaron mayoritariamente en tres grandes áreas del conocimiento, en las que se concentra más de la mitad de ellas: administración —donde se ubica casi la tercera parte—, negocios y finanzas; educación, y ciencias sociales y económicas. Esto supone la existencia de una demanda por esta mano de obra mexicana en el mercado laboral estadounidense, pues no se observan cambios significativos en los últimos cinco años (gráfico 3). No obstante la insistencia de la literatura en encasillar a las mujeres en este tipo de profesión, el área de medicina, si bien creció en el quinquenio, no rebasa 10% de las mujeres mexicanas calificadas (7,8% en 2009 y 8,4% en 2014). En las áreas , que son por excelencia el ejemplo del dinamismo de los mercados globales y de talentos, también se encuentran relativamente poco representadas las mujeres mexicanas calificadas. No obstante, en conjunto representan 23% y, a excepción de «biología, química, biotecnología y ciencias agropecuarias», las ingenierías, ciencias de la salud y físico-matemáticas evidenciaron un leve incremento en el período.

Niveles de participación laboral de las profesionales mexicanas en Estados Unidos

Al igual que el resto de las mujeres que participan en los flujos migratorios mexicanos que arriban a Estados Unidos, las mujeres mexicanas que poseen estudios de licenciatura o posgrado se caracterizan por presentar una alta participación en el mercado de trabajo en ese país. Según datos de la de 2014, en ese año las mexicanas, al igual que otras trabajadoras latinoamericanas y caribeñas, registraron una tasa de participación económica de 70 y 73%, respectivamente, las cuales son muy cercanas a las ostentadas por las nativas (que incluye a las nacidas en Estados Unidos y en sus territorios como Puerto Rico, Guantánamo, Islas Vírgenes y American Samoa), las canadienses y las europeas y las asiáticas. En consecuencia, también exhiben bajas tasas de inactividad económica; es decir, de no participación en el mercado laboral estadounidense. Las altas tasas de participación económica también se corresponden con altas tasas de ocupación entre las mujeres profesionales latinoamericanas y caribeñas: 66% y 69%, las cuales también son muy similares a las de las nativas y otras inmigrantes procedentes de otras regiones del mundo (tabla 1 y gráfico 4).

Estos resultados estarían indicando, indirectamente, que se trata de una migración alentada principalmente por motivos laborales; es decir, las mexicanas calificadas emigran o deciden no regresar a México después de haber estudiado o trabajado en Estados Unidos porque prefieren incorporarse al mercado de trabajo de ese país, el cual seguramente les ofrece mejores condiciones laborales y salariales que las prevalecientes en el mercado laboral de profesionales en México, como documentan Lozano Ascencio y Ramírez-García (2015b) y Lozano Ascencio, Gandini y Ramírez-García (2015). Estos datos, a su vez, permiten dar luz sobre un tema invisibilizado, una discusión que prácticamente no ha tenido lugar en la literatura especializada, sobre migración calificada acerca de si las mujeres calificadas solo migran como acompañantes o para reunificarse con sus parejas migrantes, o como protagonistas o iniciadoras de la migración, tal y como se argumentó por mucho tiempo en el caso de la migración femenina en general. En otras palabras, aunque en la literatura sobre migración general (o no calificada) se ha avanzado en dicho terreno, en la referida a la migración calificada, con un claro sesgo de género y una visión muy masculinizada del fenómeno, no se ha cuestionado el papel de las mujeres calificadas como actores principales del fenómeno, así como los obstáculos específicos culturales e institucionales intervinientes.

El empleo de las profesionales mexicanas en Estados Unidos

Además de analizar las áreas del conocimiento en las que se formaron las mujeres mexicanas calificadas residentes en Estados Unidos (gráfico 3), es posible indagar en qué sectores o tipo de ocupaciones se insertan. De acuerdo con la información procesada, alrededor de seis de cada diez profesionales mexicanas residentes en Estados Unidos se desempeñan mayoritariamente en tres grandes grupos de ocupaciones: las ventas, actividades de oficina y administrativas (21,8%), la educación y formación docente (19,9%) y los servicios personales y sociales (19,2%), en los que se considera la preparación de alimentos y realización de limpieza. Si bien el porcentaje de aquellas que laboran en ocupaciones consideradas de cuello blanco también es importante, pues 17,2% desempeña trabajos de gestión, negocios, operaciones financieras y empresariales. Dicha proporción es menor que la registrada por las nativas y otras inmigrantes provenientes de otras naciones y regiones del mundo. Los porcentajes más altos en este tipo de ocupaciones los presentan las canadienses y las europeas, situándose incluso por encima de las nativas (23,3%), quienes ocupan la segunda posición, y en tercer lugar se encuentran las asiáticas (22,5%). Estas últimas cuentan además con una alta participación en trabajos de salud y cuidados personales (20,5%), así como en computación, matemáticas e ingenierías (12,5%). Este patrón laboral puede explicarse, por un lado, debido a la creciente demanda de enfermeras y pasantes filipinas de enfermería y chinas en clínicas y hospitales en Estados Unidos, y por otro, a las políticas migratorias de atracción y retención de mano de obra femenina y masculina especializada en áreas de la ciencia, tecnología, informática y matemáticas implementadas por el gobierno estadounidense en los últimos años. Las otras latinoamericanas y caribeñas también presentan una baja tasa de participación en estas ocupaciones (20,5%), solo por arriba de las mexicanas.

De manera general, estas cifras dan cuenta de una menor inserción de las mujeres mexicanas en actividades ubicadas en la cúspide de la pirámide laboral estadounidense y, por ende, de una mayor concentración en actividades de mediana o escasa profesionalización. Basta resaltar tan solo que la proporción de profesionales mexicanas que se emplea en ocupaciones vinculadas con los servicios personales y sociales, así como en el sector transporte, la construcción, la producción y extracción es mayor que entre sus pares nativas e inmigrantes (tabla 2). Esta situación podría sugerir, además, que un número importante de las inmigrantes mexicanas calificadas sigue las pautas de inserción ocupacional de la mano de obra femenina mexicana en general, posiblemente de aquellas que solo cuentan con estudios de licenciatura. Es decir que presentan una inserción ocupacional que no corresponde con su nivel de formación educativa o experiencia profesional. Aunque hay que señalar que en dicho proceso inciden una diversidad de factores personales, familiares y del propio contexto (véase Lozano Ascencio y Ramírez-García, 2015b y Lozano Ascencio, Gandini y Ramírez-García, 2015), como se menciona más adelante.

Al decir de algunos investigadores ( Mattoo, Neagu y Özden, 2008), dicha situación representa un «desperdicio de habilidades» o «desperdicio formativo» (brain waste) toda vez que existe un desajuste entre los requerimientos del empleo u oficio y los conocimientos, habilidades y destrezas adquiridas por las mujeres profesionales durante su formación educativa o capacitación. Esta situación provoca que muchas migrantes calificadas enfrenten problemas de desempleo, subempleo y descualificación, lo que impacta negativamente en sus condiciones laborales y, entre ellas, en sus salarios ( Lozano Ascencio y Ramírez-García, 2015b). La descualificación o subutilización de capacidades es vivida por mujeres y hombres de dos formas: 1) por aquellas que trabajan en sectores económicos distintos a los de su área de formación educativa y 2) por quienes se emplean en ocupaciones que no siempre requieren de un alto nivel de preparación para su realización ( Kofman, 2012).

Aunque este fenómeno no afecta de manera exclusiva a las mujeres, la evidencia empírica y teórica muestra que ellas son más propensas a sufrir una subutilización de sus capacidades en las sociedades de llegada ( Kofman, 2012), debido a que con frecuencia realizan trabajos para los cuales están sobre calificadas ( Siar, 2013). Esto es así por la persistencia de estereotipos de género de los cuales no están exentas por tener ciertas credenciales educativas, relacionados con la existencia y reproducción de nichos laborales estigmatizados, con aspectos institucionales que limitan su participación y movilidad en el mercado laboral —como los regímenes de migración y las políticas de reclutamiento— así como con la reproducción de prácticas discriminantes y determinantes de género por parte de los empleadores ( Cuban, 2012). Esta problemática se presenta también en el país de origen y es en muchos casos la causante de la migración internacional de recursos humanos calificados, sobre todo entre las mujeres, quienes se han visto arrastradas hacia oficios menos calificados. En un estudio realizado con población migrante altamente calificada en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Dumont y Leibig (2005) encuentran que las mujeres tenían más probabilidades de estar sobre calificadas para desempeñar un trabajo que los hombres. En otro estudio más reciente sobre la migración mexicana calificada a Estados Unidos, Lozano Ascencio y Ramírez-García (2015b) documentaron que las profesionales mexicanas eran más propensas a sufrir descualificación que los hombres en México, lo cual podría ser un aliciente para la migración de esta mano de obra femenina.

Un caso muy bien documentado de la descualificación o subutilización de capacidades que sufren las mujeres inmigrantes en los países de llegada es el de las enfermeras filipinas en Canadá, quienes después de trabajar como enfermeras (e incluso como médicas) en su país llegan a realizar trabajos temporales de atención domiciliaria, los cuales no siempre demandan un uso cabal de sus conocimientos de enfermería, pero sí de la realización de otras actividades propias del trabajo doméstico, tales como limpieza de cuartos, preparación de alimentos, etcétera ( Salami y Nelson, 2014).

Con la finalidad de profundizar en el análisis de la inserción ocupacional de las mujeres mexicanas calificadas en Estados Unidos, el gráfico 5 presenta su distribución porcentual según nivel de calificación de la ocupación que tienen. Se puede apreciar que las inmigrantes mexicanas son las que presentan el menor porcentaje de profesionales empleadas en una ocupación altamente calificada, es decir, de mujeres que se emplean en una ocupación acorde con su nivel de formación educativa, pues únicamente 43,6% de ellas labora en este tipo de ocupaciones. Los porcentajes más altos los presentan las mujeres nativas (57,8%), seguidas por las canadienses y europeas (55%) y las asiáticas (54,4%). Las procedentes de otros países de Latinoamérica y el Caribe y otras inmigrantes también registran bajos porcentajes en ocupaciones altamente calificadas, pero ligeramente superiores al de las mexicanas (45,8% y 47,3%, respectivamente). Estos resultados estarían revelando que el lugar de formación educativa o de procedencia juega un papel importante en la inserción ocupacional de las migrantes calificadas en Estados Unidos. En otras palabras, dan cuenta de una distribución ocupacional según el lugar de origen.

Factores asociados a la participación de las profesionales mexicanas en una ocupación altamente calificada

Indudablemente, el tipo de trabajo que desempeñan las mujeres inmigrantes calificadas es un factor que da cuenta del nivel de integración al mercado laboral de profesionales en Estados Unidos. No obstante, en dicho proceso también influyen otros factores relacionados con la saturación de puestos de trabajo para acceder a determinado tipo de ocupaciones, la situación migratoria de las personas migrantes, la falta de dominio del idioma inglés y el reconocimiento de títulos universitarios obtenidos en el extranjero por parte de las instituciones reguladoras ( Bauder, 2003), así como otros factores de carácter cultural que también ejercen una importante influencia en los niveles de participación económica femenina y en el tipo de ocupaciones en el que se desempeñan las mujeres.

Algunos de los factores enlistados anteriormente tienen un efecto mayor en las mujeres que en los hombres. Por ejemplo, se ha señalado que la posibilidad de tomar cursos de idiomas, de capacitación y de certificación para desempeñarse profesionalmente en los países de llegada suele ser más limitada en las mujeres inmigrantes, sobre todo cuando tienen hijos pequeños y otras actividades familiares a su cargo. En consecuencia, la pérdida de redes personales y profesionales es mayor también para las mujeres, ya que tienen menos posibilidades de acceder a nuevos espacios públicos y laborales ( Kofman, 2012). En palabras de Jorge Martínez (2008: 5):

Al respecto, se ha documentado que las mujeres casadas o unidas tienen menos probabilidades de insertarse en el mercado de trabajo que las solteras, divorciadas, separadas o viudas; es decir, que las no unidas conyugal o consensualmente. En el caso específico de las mujeres mexicanas inmigrantes en Estados Unidos ( Caicedo, 2012) encuentra que las trabajadoras mexicanas presentaban una menor tasa de participación económica que las nativas y otras inmigrantes. De acuerdo con las estimaciones de la autora, las mujeres no unidas con estudios superiores a la preparatoria completa (high school) ostentaban mayores niveles de participación laboral que sus pares unidas. Esta misma situación se presenta en aquellas mujeres mexicanas que tenían hijos menores de cinco años, lo que confirma, en parte, lo señalado por Martínez (2008) líneas arriba. Sin embargo, no se ha explorado qué ocurre en el caso de las mujeres migrantes calificadas: si estos factores inciden o no de manera similar.

Con el fin de profundizar en los factores asociados o determinantes de la participación de las mujeres mexicanas inmigrantes en Estados Unidos en una ocupación laboral acorde con su nivel de formación académica se estimó un modelo de regresión logística binomial en el que se emplea como variable dependiente el nivel de calificación de la ocupación, que toma el valor de uno si la persona se emplea en una ocupación altamente calificada y de cero si lo hace en otra de mediana o escasa calificación, y como variables independientes o explicativas se incluyeron la edad, el nivel de escolaridad, el área del conocimiento de formación, el estado civil, la presencia de hijos menores de cinco años en el hogar, la condición de tenencia de la ciudadanía norteamericana, el dominio del idioma inglés y el tiempo de residencia en Estados Unidos.

La tabla 3 presenta los resultados del modelo logístico estimado para las mujeres profesionales según lugar de origen. En cuanto a la variable edad, los resultados del modelo logístico estimado indican que entre las profesionales mexicanas tener cuarenta años o más disminuye en casi 20% la propensión de insertarse en una ocupación altamente calificada en comparación con aquellas mujeres que tienen menos de esa edad. Ello indica que las mujeres jóvenes son más propensas a emplearse en este tipo de ocupaciones, situación que también se presenta entre las nativas estadounidenses y otras inmigrantes. Entre estas últimas destaca el caso de las asiáticas, para quienes el efecto edad es todavía más marcado: experimentan 37% menos probabilidades cuando son mayores de 39 años, de manera que pareciera que el mercado estadounidense está prefiriendo trabajadoras calificadas jóvenes, más allá de su lugar de origen. El estado civil de las profesionales mexicanas es otra variable que ejerce un efecto en su inserción ocupacional. Concretamente, los resultados del modelo estimado indican que las no unidas tienen 15% menos probabilidades de trabajar en una ocupación altamente calificada en comparación con las unidas legal o consensualmente. Este resultado es compartido con las nativas estadounidenses y otras latinoamericanas, para quienes no estar unidas disminuye sus posibilidades de emplearse en una ocupación altamente calificada en comparación con las que están unidas: 18% y 16% respectivamente.

La presencia de hijos menores de cinco años es otra variable que incide en el tipo de ocupaciones en que se desempeñan las mujeres nativas y otras inmigrantes en el mercado laboral estadounidense, aunque su efecto e impacto es distinto según el lugar de origen. Entre las profesionales mexicanas el modelo estimado no muestra evidencia estadísticamente significativa de que dicha variable tenga un efecto en el tipo de ocupaciones en las que se desempeñan. Sin embargo, entre las nativas, canadienses, europeas y asiáticas tiene un efecto positivo; es decir, las mujeres con hijos menores de cinco años son más propensas a emplearse en ocupaciones calificadas que aquellas que no tienen hijos en esas edades o no tienen hijos. Este hallazgo, que ya ha sido indagado por Amaro (2016), nos sugiere que para estas mujeres ser madres de niños pequeños no es una situación que necesariamente impacte negativamente en su inserción laboral. Es forzoso explorar más al respecto y analizar cuáles son las dinámicas y los patrones familiares y de sus hogares para conocer si, en estos casos, se trata de mujeres que «preparan» su proyecto migratorio conciliando familia y trabajo, si se trata de parejas heterosexuales con una mayor igualdad en las tareas o si sea debido a que se apoyan en otras mujeres —por ejemplo, mediante la contratación de niñeras (muchas de ellas inmigrantes) o el servicio de guardería o casas de día— para combinar sus actividades profesionales con las labores domésticas. Adicionalmente, un aspecto que no es posible analizar con las fuentes de datos disponibles es si el tipo de inserción lograda es elegida por ellas: es decir, si se trata de ocupaciones en subutilización o con menores niveles de remuneración, con cierta precarización, o con jornadas menos extensas a cambio de poder compatibilizar la vida familiar y laboral. En otras palabras, un reto pendiente es conocer —posiblemente a través de metodologías con enfoques cualitativos— en qué medida tiene mayor peso la agencia de estas mujeres en las elecciones laborales.

En lo que concierne a la variable nivel de escolaridad, los resultados del modelo estarían apoyando el postulado central de la teoría del capital humano de Becker (1964), el cual apunta que a mayor nivel de educación mayor es la probabilidad de incorporarse al mercado de trabajo y de hacerlo en las mejores ocupaciones del mercado laboral. En el caso de las mujeres profesionales mexicanas, por ejemplo, las que cuentan con una maestría son más propensas a emplearse en una ocupación altamente calificada que aquellas que cuentan con estudios de licenciatura. Esta probabilidad es 89% mayor para quienes cuentan con un grado profesional y se incrementa notablemente para quienes tienen grado de doctorado. Es decir que la posibilidad aumenta sustantivamente para quienes poseen una maestría o doctorado en comparación con las que tienen solo formación terciaria o de licenciatura. Una situación similar se presenta en el caso de las nativas y de otras inmigrantes, entre las cuales el incremento de la propensión a emplearse en ocupaciones calificadas es mayor conforme se avanza de grado o nivel de estudios. Entre las asiáticas un dato que llama la atención es el hecho de que contar con un grado profesional tiene un alto efecto en la probabilidad de insertarse en este tipo de trabajos, incluso mayor al de tener maestría o doctorado.

Este resultado puede explicarse por el tipo de formación o área de especialización de las profesionales asiáticas, lo cual también aplica en el caso de las nativas estadounidenses y de otras inmigrantes. De acuerdo con los resultados del modelo, las profesionales mexicanas con estudios de administración, negocios o finanzas son 137% más propensas a emplearse en una ocupación altamente calificada que aquellas que estudiaron una carrera profesional o un posgrado en física, estadística, química o ingeniería; estas últimas ocupaciones consideradas en la literatura sobre el tema como altamente masculinizadas. Las mexicanas que se formaron en el área de las ciencias sociales y económicas tienen 51% más posibilidades que insertarse en este tipo de ocupaciones, seguidas por las que se especializaron en el área de la educación (44%), la medicina y las ciencias de la salud (31%). Es decir que, a excepción de quienes estudiaron arte, humanidades y ciencias de la conducta, las mujeres mexicanas que se formaron en cualquier otra área del conocimiento tienen mayores probabilidades de lograr una inserción ocupacional altamente calificada, en relación con las que se formaron en física, estadística, química e ingenierías. O sea que sí opera este sesgo de género al que nos referíamos en páginas precedentes: aquellos nichos laborales que son por antonomasia los referentes de la literatura sobre migración calificada y que son ciertamente masculinizados son los más difíciles de acceder para las mujeres migrantes mexicanas calificadas. Aunque es un patrón que en términos generales comparten las migrantes provenientes de otros contextos, las diferencias en las probabilidades de inserción entre unas y otras ocupaciones son mucho menores.

Las nativas estadounidenses que estudiaron administración, negocios y finanzas, así como medicina y ciencias de la salud son las que poseen mayores probabilidades de emplearse en ocupaciones calificadas. Una situación similar se presenta en el caso de las canadienses y europeas, en tanto que las otras latinoamericanas y caribeñas presentan probabilidades de inserción en ocupaciones calificadas similares a las mexicanas. Las asiáticas que estudiaron o se especializaron en medicina y ciencias de la salud tienen 87% más posibilidades de emplearse en una ocupación calificada que sus pares que tienen una licenciatura o posgrado en física, estadística, química e ingeniería. Este resultado podría deberse, como ya se ha señalado, a la alta demanda por enfermeras y médicas asiáticas en hospitales y centros de salud en Estados Unidos, así como a la alta demanda de servicios personalizados, sobre todo para que se ocupen del cuidado de personas con discapacidad, niños y adultos mayores.

Finalmente, en lo que concierne a las características migratorias de las mujeres mexicanas profesionales residentes en Estados Unidos, los resultados obtenidos indican que no hablar o tener un buen dominio del idioma inglés disminuye significativamente las probabilidades de emplearse en una ocupación calificada. Este efecto es muy similar en los diferentes grupos étnicos, indicando que es un tipo de habilidad requisito para el logro de una inserción ocupacional calificada, más allá de los factores asociados con estigmas étnicos o de discriminación. Asimismo, la tenencia de la ciudadanía estadounidense influye en el tipo de ocupaciones en las que se desempeña este segmento de la mano de obra femenina. Las mexicanas que no cuentan con dicho estatus migratorio tienen casi 45% menos posibilidades de incorporarse al mercado laboral en alguna ocupación calificada, mientras que en el resto de las inmigrantes dicho efecto, aunque también es negativo, es mucho menor, con excepción de las asiáticas cuyo signo resulta inverso (tabla 3).

Respecto al tiempo de estancia en Estados Unidos, los resultados de los modelos logísticos también muestran diferencias en el signo e impacto de dicha variable. Las mexicanas con diez o más años de estancia en ese país son las que menos se insertan en empleos calificados en comparación con las que tienen menos tiempo de haber llegado a ese país. Este resultado en principio podría resultar contradictorio; sin embargo, posiblemente guarda relación con el boom que ha experimentado la migración calificada femenina desde México a Estados Unidos en los últimos años, así como con el tipo de formación y nivel alcanzado de las cohortes que llegaron hace más de una década y las que lo hicieron en el último decenio. Como se vio al inicio de este artículo, los niveles educativos de las mexicanas y, en particular, el de posgrado, se incrementaron sustantivamente en la última década. Entre el resto de las inmigrantes, por el contrario, contar con más tiempo de residencia en el país mayor es la probabilidad de insertarse en ocupaciones que vayan acorde con su nivel de cualificación, con excepción de las otras latinoamericanas para la cuales el resultado del modelo no es estadísticamente significativo a p < 0,05 (tabla 3).

Ingresos por trabajo de las mujeres profesionales mexicanas en Estados Unidos

El ingreso por trabajo constituye uno de los indicadores que mejor reflejan las diferencias en las condiciones laborales de los trabajadores en el mercado de trabajo. Para el caso de las profesionales en Estados Unidos, los datos de la muestran que, en términos generales, las inmigrantes mexicanas, junto con otras latinoamericanas y caribeñas, son las peor remuneradas en el mercado laboral de profesionales de ese país, pues las mexicanas ganan en promedio poco más de cuarenta mil dólares al año, mientras que las nativas norteamericanas ganan más de 54.000 dólares anualmente —una diferencia de 14.000 dólares—. Las otras latinoamericanas tienen un salario promedio anual de poco más de 50.000 dólares, lo que indica que ganan casi diez mil dólares más que las mexicanas, pero poco más de cuatro mil dólares menos que las nativas. Las inmigrantes asiáticas, canadienses y europeas son las que reciben mayores retribuciones salariales por su trabajo, pues tienen un ingreso promedio anual superior al de las propias nativas estadounidenses. Las primeras ganan poco más de 63.000 dólares anuales, y las segundas 61.000 dólares (gráfico 6). Estas cifras revelan que las profesionales asiáticas son las mejor remuneradas en Estados Unidos, como se ha documentado en otras investigaciones sobre el tema.

Aunque los resultados de los modelos estarían dando pistas acerca de los niveles de retribución de estas mujeres, cabe señalar que el salario de los trabajadores no solo está determinado por el grado o nivel académico de los trabajadores, como lo postula la teoría del capital humano de Becker (1964), sino que está determinado por una diversidad de factores prevalecientes en el mercado laboral, el perfil educativo y experiencia laboral de las personas, y otros relacionados con la cuestión de género y raza y etnia. Estos factores han sido probados en distintas investigaciones sobre el tema y se ha documentado que su efecto en el ingreso de los trabajadores es distinto según grupo étnico ( Lozano Ascencio y Ramírez-García, 2015b). Es decir que el análisis sobre el ingreso complementa los hallazgos sobre el tipo de inserción lograda, ya que no necesariamente el tipo de inserción tiene un correlato directo con su remuneración, lo que exploramos en la tabla 4.

En este sentido, una hipótesis factible es que el área de formación de las profesionales explica en buena medida las diferencias salariales entre grupos étnicos y a su interior. Para corroborar dicha suposición, la tabla 4 presenta el ingreso promedio anual por trabajo por área de formación profesional según el lugar de procedencia de las mujeres. En dicha tabla se puede observar que, a grandes rasgos, las mexicanas que reciben ingresos más altos por su trabajo son quienes se formaron en áreas del conocimiento relacionadas con el arte, las humanidades y las ciencias de la conducta, así como en medicina y ciencias de la salud. Al comparar estos resultados con los de la tabla 3, parece advertirse que aquellas áreas mejor remuneradas son las que experimentan menores probabilidades de conseguir una ocupación calificada. En otras palabras, habría que seguir indagando y reflexionando en un aspecto que hasta ahora hemos investigado muy poco y que hemos adelantado en la interpretación de los resultados del modelo: la voluntariedad de la inserción en ocupaciones no calificadas. Entre las nativas, las que tienen licenciatura o posgrado en medicina y ciencias de la salud o en física, estadística, química e ingenierías son las que mejor ganan en sus trabajos. Las canadienses y europeas que cuentan con estudios en medicina y ciencias de la salud son las que reciben mayores ingresos, al igual que aquellas que se educaron en disciplinas vinculadas con el arte, las humanidades y las ciencias de la conducta. Del resto de las latinoamericanas y caribeñas, al igual que las asiáticas, tienen un ingreso más alto las educadas en las artes, las humanidades y las ciencias de la conducta. Finalmente, las estimaciones indican que quienes tienen licenciatura o posgrado en educación, administración, negocios y finanzas son las peores retribuidas en el mercado laboral de profesionales en Estados Unidos (tabla 4).

Reflexiones finales

Esta investigación se propuso analizar la migración de mexicanas calificadas a Estados Unidos e indagar en el tipo de inserción ocupacional que logran en el mercado laboral de profesionales de ese país. La estrategia comparativa permitió conocer las características de dicha inserción en perspectiva comparada con lo que acontece en otros grupos de mujeres migrantes con similares rasgos. Los resultados expuestos en estas páginas dan cuenta de una alta participación de las mujeres con estudios de licenciatura terminada o más (maestría, grado profesional o doctorado) en las corrientes migratorias que se dirigen al vecino país del norte, e incluso a un ritmo muy superior que los varones mexicanos con similares credenciales educativas, como también a un ritmo mayor que sus pares no calificadas. Se trata de un grupo de mujeres con diferentes niveles de calificación y área de formación académica entre las que sobresalen las graduadas en administración, negocios y finanzas, seguidas por las que estudiaron una carrera en educación y formación profesional, y aquellas que lo hicieron en una profesión de las ciencias sociales y económicas. Dicho perfil educativo es muy similar al que poseen las nativas estadounidenses y otras inmigrantes procedentes de otros países y regiones del mundo, lo cual permite concluir que se trata de una mano de obra que tiene una demanda en el mercado laboral estadounidense, el cual posiblemente no es posible abastecer con la mano de obra femenina nacional.

Lo anterior es corroborado por las altas tasas de participación económica y de ocupación que registran las mexicanas al igual que otras profesionales inmigrantes. No obstante, suelen insertarse laboralmente en ocupaciones que no siempre demandan los conocimientos, las habilidades y las capacidades desarrolladas durante su formación profesional, por lo que muchas de ellas sufren o enfrentan el problema de la descualificación o subutilización de capacidades, situación que es menos común entre las nativas y otras inmigrantes. Al respecto, los resultados de los modelos logísticos estimados apuntan a que las mujeres mayores de 39 años, no unidas, con estudios de licenciatura, formadas en el área de las artes, humanidades y ciencias de la conducta, que no tienen un buen dominio del idioma inglés, no cuentan con la ciudadanía estadounidense y con mayor tiempo de estancia en Estados Unidos (con excepción de las nacidas en México) son menos propensas a insertarse en este tipo de ocupaciones.

Evidentemente, las condiciones en las que se desenvuelven estas migrantes mexicanas en el mercado laboral de profesionales en Estados Unidos influyen en su nivel de ingresos y prestaciones laborales. Sobre este punto, los resultados revelan que las profesionales mexicanas son las que reciben menores salarios por su trabajo que las nativas y otras inmigrantes, aun contando con el mismo grado académico y área de formación profesional. En otras palabras, si algunas variables de los modelos, como el dominio del idioma inglés, permiten identificar factores que inciden más allá del origen nacional, el análisis salarial evidenció que, aun controlando el nivel de formación y el área del conocimiento, las mujeres mexicanas se encuentran en notable desventaja comparativa, situación que, al decir de algunos investigadores, podría leerse como una discriminación por género y raza y etnia. En futuros análisis valdría la pena dedicar atención a este punto, de manera de dotar de un análisis más denso a esta conclusión, a fin de no caer en el tentador error del sesgo etnitizante que nos lleva a concluir que las mexicanas por el solo hecho de ser tales se encuentran en desventaja. En su lugar, habría que profundizar en otros aspectos que ayuden a explicar de manera más cabal a qué se debe dicha situación. Algunas hipótesis apuntarían al tipo de formación, al vínculo entre la formación y el mercado laboral, a los perfiles de ambas instituciones, etc. Por ejemplo, los posgrados en México suelen tener un perfil muy sesgado hacia la academia, mientras que el mercado laboral estadounidense puede estar requiriendo perfiles más profesionalizantes. Se deberá continuar analizando en este aspecto, ya sea a partir de la consideración de otros indicadores, otro tipo de información y de técnicas estadísticas, o bien mediante el uso de metodología cualitativa.

Referencias bibliográficas

  1. De la ilusión de la calificación al desencanto de la ocupación: un análisis integral de la decaluación del trabajo de hombres y mujeres migrantes calificados de México y Estados Unidos Amaro M.. Ciudad de México: Flacso, Sede México; 2016.
  2. ‘Brain abuse’, or the devaluation of immigrant labour in Canada Aragonés A. M., Salgado U.. 2014;35(4).
  3. Highly Skilled Mexican Women Migrants To the United States», en Voices of Mexico Ávila J. L.. 2015;(99):107-110.
  4. ‘Brain abuse’, or the devaluation of immigrant labour in Canada Bauder H.. 2003;35(4).
  5. Attracting global talent and then what? Overeducated immigrants in the United States Beckhusen J., Florax R. J. G.M., Poot J., Waldorf B. S.. 2013;53(5).
  6. Human Capital: a Theoretical and Empirical Analysis with Special Reference to Education Becker G. S.. Nueva York: nber-Columbia University; 1964.
  7. La movilidad de estudiantes por razones de estudio: geografía de un fenómeno global Bermúdez R.. 2015;8(1):94-125.
  8. Migrantes latinoamericanos: el estado de las investigaciones en la región, Red Movilidad Internacional de la Población Caicedo M., N. Meichtry, A. Pellegrino, Bolgna E.. Córdoba: unfpa-alap-unc; 2008.
  9. Participación económica de mujeres latinoamericanas y caribeñas en Estados Unidos Caicedo M.. 2012;18(1):5-33.
  10. Increasing Numbers of Qualified Mexican Women in the United States Calva L.. 2015;(99):110-115.
  11. Highly skilled immigrants: Recent trends and issues Couton P.. 2002;3(2):114-123.
  12. Crushed Hopes: Underemployment and Deskilling among Skilled Migrant Women Cuban S., Mollard B., Umar S.. Génova: oim; 2012.
  13. A Gendered Assessment of Highly Skilled Emigration Docquier F., Lowell L., Marfouk A.. 2008;35(2):1-23.
  14. Labour Market Integration of Immigrant Women: Overview and Recent Trends Dumont J. C., Liebig T.. Paper presented at: oecd and European Commission Seminar Migrant Women and the Labor Market: Diversity and Challenges; 26 al 27 de setiembre, 2005.Bruselas.
  15. Derecho y economía informal. Retos de política pública del Estado mexicano Gandini L., Ríos Granados G.. Ciudad de México: unam-Tirant lo Blanch; 2015.
  16. Panorama del mercado laboral de profesionistas en México. Diagnóstico (2000-2009) y prospectiva (2010-2020). Informe final Hernández Laos E., Solís R., Stefanovich A.. Ciudad de México: anuies; 2013.
  17. Global Woman, nannies, maids, and sex workers in the new economy Hochschild A. R., Ehrenreich B., Hochschild A. R.. Nueva York: Henry Holt and Company; 2002.
  18. Applied logistic regression Hosmer D., Lemeshow S.. Nueva York: Wiley and Sons; 1989.
  19. Muestras de los Censos de Población y Vivienda 1990 y 2010 Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Ciudad de México: inegi; 1999.
  20. The knowledge economy, gender and stratified migrations Kofman E.. 2007;1(2):30-43.
  21. Gender and skilled migration in Europe Kofman E.. 2012;30(1):63-89.
  22. Towards a Gendered Evaluation of (Highly) Skilled Immigration Policies in Europe Kofman E.. 2013;52(3):116-128.
  23. Gendered Migrations: Towards Gender Sensitive Policies in the uk Kofman E., Raghuram P., Merefield M.. Londres: ippr; 2005.
  24. Gender and global labour migrations: incorporating skilled workers Kofman E., Raghuram P.. 2006;38(2):282-303.
  25. Equality implications of being a migrant in Britain. A review. Equality and Human Rights Kofman E., Lukes S., D’Angelo A., Montagna N.. Manchester: Equality and Human Rights Commission; 2009.
  26. Migrantes calificados de América Latina y el Caribe ¿Capacidades desaprovechadas? Lozano Ascencio F., Gandini L.. Ciudad de México: crim, unam; 2010.
  27. Obama’s immigration executive action and stem workers Lozano Ascencio F., Ramírez-García T.. 2015;(99):99-104.
  28. Subutilización de las capacidades de los profesionales mexicanos de las ciencias y la tecnología y su vínculo con la migración a los Estados Lozano Ascencio F.. 2015;xlii(101):157-186.
  29. La migración altamente calificada: elementos para una política nacional de ciencia y tecnología. Informe Técnico Lozano Ascencio F., Gandini L., Ramírez-García T., Delgado Wise R.. Ciudad de México: Conacyt-most-unesco; 2015.
  30. La migración calificada en américa latina: viejos, persistentes y nuevos temas Martínez J.. Paper presented at: Seminario Internacional Diásporas y circulación de talentos, ¿Una movilidad al servicio del desarrollo en América Latina?; 27 y 28 de noviembre, 2008.
  31. Brain waste? Educated immigrants in the U.S. Labor Market Mattoo A., Neagu I., Özden Ç.. 2008;87. CrossRef
  32. Crushed Hopes: Underemployment and Deskilling among Skilled Migrant Women Mollard B., Umar S.. Génova: oim; 2012.
  33. Database on Immigrants in oecd countries (dioc) Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 2016.
  34. Migración de recursos humanos en salud subregión andina Organización Panamericana de la Salud (OPS). Perú 2006.
  35. ¿Drenaje o éxodo? Reflexiones sobre la migración calificada Pellegrino A.. 2002.
  36. Una aproximación al diseño de políticas sobre migración internacional calificada en América Latina Pellegrino A., Martínez J.. Santiago de Chile: cepal; 2001.
  37. Birds of Passage: Migrant Labor and Industrial Societies Piore M. J.. Cambridge University Press: Cambridge; 1979.
  38. College Costs: New Research Weighs The True Value Of a College Education Pope J.. 2012.
  39. Feminización de las migraciones y segmentación laboral: la cadena global de cuidados Pla I.. 2009.
  40. The downward occupational mobility of internationally educated nurses to domestic workers Salami B., Nelson S.. 2014;21(2):153-161.
  41. The New Argonauts. Regional Advantage in a Global Economy Saxenian A. L.. Cambridge-Londres: Harvard University Press; 2006.
  42. From highly skilled to low skilled: revisiting the deskilling of migrant labor Siar Sh. V.. 2013;(2013-30):1-19.
  43. Integrated Public Use Microdata Series: Version 6.0 [Machine-readable database] Ruggles S., Genadek K., Goeken R., Grover J., Sobek M. Minneapolis: University of Minnesota; 2015.
  44. Riesgos de la fuga de cerebros en México. Construcción mediática, posturas gubernamentales y expectativas de los migrantes Tigau C.. Ciudad de México: cisan-unam; 2013.
  45. ¿De la fuga a la circulación de talentos? Tuirán R., Ávila J. L.. 2013;(266).
  46. A dialogue with ‘global care chain’ analysis: nurse migration in the Irish context Yeates N.. 2004;77(1):79-95.
  47. Wood S.. 1981.